Una vida padre para los toros de Torrestrella indultados

  • A 'Alcoholero' y 'Flor de Almendro', de Álvaro Domecq, sobrevivientes de la corrida del sábado en Sanlúcar, les espera una larga vida padreando en Los Alburejos

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Ahora son las estrellas de la dehesa. El toro bravo, en general, es un animal mimado por sus criadores, pero los toros de vacas recién llegados de la plaza, más todavía.

A "Flor de Almendro", negro, indultado por Enrique Ponce y "Alcoholero", castaño, indultado por El Cid, se les perdonó la vida el sábado pasado en la plaza de Sanlúcar, les espera la vida padre.

Eso de que a una ganadería le indulten dos toros en una misma corrida es algo insólito, solamente recordamos el reciente caso de Zalduendo. Torrestrella ha conocido las mieles del indulto, sin ir más lejos en El Puerto de Santa María, pero dos en uno...

Ha sido una magnífica primavera ganadera en nuestro campo bravo. Dos indultos en Sanlúcar y el reciente y feliz suceso, en la feria de Los Barrios, del indulto de "Valeroso", a cargo de El Fandi, en la plaza cubierta de La Montera, un toro de vacas de Santiago Domecq Bohórquez.

No se puede pedir más. Pero los toros siguen luchando por su vida, la pelea no terminó en la plaza. Su bravura y nobleza fue recompensada con el pañuelo naranja pero esa misma noche comenzó otra batalla, contra la infección y la muerte.

Efectivamente los ganaderos, al terminar la corrida y tras administrar desinfectante, se llevaron los toros esa misma noche del sábado al domingo al campo y en "Los Alburejos" comenzaron las curas a las tres de la mañana. El experto veterinario Francisco Lira Naranjo estaba ya preparado para quitar arponcillos, explorar las heridas, resanar tejidos, drenar las profundas lesiones y administrar antibióticos y desinfectantes externos.

El toro que venía más dañado era el que indultó Ponce. "Flor de Almendro" recibió de la vara una herida de cuatro trayectorias. Pero todos los pronósticos son favorables y de las curas, que son diarias, se aprecia la buena evolución.

Los toros se dejan curar con nobleza, sin asomo de dolor. Parece que casi agradecen que el veterinario "rasque" las heridas con torundas y largas pinzas y ni se inmutan con las inyecciones y, sprays de asepsia o el resanado de tejidos necrosados. Se dejan limpiar y curar las heridas y el veterinario, al tiempo que su ayudante administra una voluminosa inyección en el anca del toro, acaricia la rizada frente de "Flor de Almendro" admirando al impresionante animal que es el toro.

"Va bien la cosa", nos comenta Antonio Domecq, presente en la cura. Comenta que los toros ya están comiendo con buen ánimo y reposan apaciblemente en un corral, en sombra, junto a la plaza, muy cerca de la manga de las curas: "sirven los dos, los dos van a ir a las vacas". Lo dicho, la vida padre: los azulados campos de "Los Alburejos", la yerba alta, el castillo de Torrestrella silueteado al fondo y una tropa de vacas... lo dicho, la vida padre. Enhorabuena.

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