El vértigo de la descomposición

  • El acontecimiento literario del año para muchos lectores ocurrirá el próximo día 15 con la publicación en España de 'Contraluz' (Tusquets), de Thomas Pynchon

En 2006, después de una década de silencio tras Mason & Dixon, Thomas Pynchon (Nueva York, 1937) publicó en Estados Unidos la que actualmente es su penúltima novela, Against the day, un aparato literario de 1.089 páginas cuyo argumento, surcado por cientos de personajes, transcurre entre la Exposición Universal de Chicago de 1893 y los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial. Pocas obras de arte, al menos en el último medio siglo, han despertado reacciones tan contrapuestas hasta abordar el territorio de la paradoja: así, la crítica de The New York Times acusaba severamente al libro de ser "pretencioso sin ser provocativo, elíptico sin ser revelador, complicado sin ser complejo"; y pocos días después, el suplemento literario del mismo diario cantaba sus virtudes, definiéndolo como "el libro más accesible de Pynchon y el que a la vez acomete la más completa elaboración de la filosofía de su autor jamás impresa". El Washington Post afirmaba que la novela "no es para todo el mundo, pero los lectores que se suban a la nave de Pynchon tendrán el viaje de sus vidas"; mientras, Jonathan Cape escribía en The Independent: "Por mucho que uno crea que puede llegar al final, hay límites. Si vamos a jugar a este juego, en todo su tamaño, los chistes deberían ser más divertidos, los juegos de palabras más elaborados y la prosa más tensa". Se daban, en fin, los ingredientes suficientes para consignar un clásico desde su salida a la calle. El jueves 15, cuatro años después, la novela verá finalmente la luz en España bajo el título Contraluz a cargo de Tusquets, que ya tiene en su catálogo la mayor parte de la producción del escritor y que adquirió recientemente los derechos de su última obra, Inherent vice, publicada en EEUU en 2009; no son pocos quienes esperan este acontecimiento como agua literaria de mayo.

En gran medida, o en su medida total, Against the day es un misterio. Lo es desde su título. En el mismo 2006, poco antes de su publicación, Pynchon colgó una breve sinopsis en la página web de Amazon que, como era de esperar, más que descifrar claves añadió nuevas incógnitas. Una interpretación sugiere que Against the day hace referencia al siguiente versículo de la Segunda Epístola de San Pedro, que en su versión inglesa utiliza la misma expresión: "Pero los cielos y la tierra que ahora existen están reservados para el fuego por el mismo Dios. Ese fuego los quemará en el día del juicio". William Faulkner reprodujo el versículo en ¡Absalón, Absalón!, lo que hace ganar puntos a esta exégesis; otra, sin embargo, apunta al significado del título como fórmula lingüística para el fenómeno fotográfico del contraluz, opción por la que se han decantado la edición española y buena parte de las europeas. También reproduce Pynchon una cita de Thelonius Monk: "Siempre es de noche; si no, no necesitaríamos luz".

En cuanto a la estructura, quienes esperen el desvarío de El arco iris de gravedad encontrarán notables diferencias. Aunque no tan palpable como el de Mason & Dixon, este Contraluz contiene un hilo argumental centrado en Webb Traverse, un minero sindicalista, y sus cuatro hijos, cuyas vidas se perfilan a la manera de short cuts. A partir de aquí se cruzan aeronautas, jugadores, matemáticos, perros parlantes, científicos locos, chamanes, pervertidos sexuales, magos, espías y personajes reales como Bela Lugosi y Groucho Marx. Pynchon remata una parodia de la Historia, aunque no de cualquier modo: algunos críticos han identificado en la arquitectura narrativa elementos de la matemática especulativa, de textos gnósticos y del jazz. Una descomposición literaria para un mundo descompuesto. Pero no hay que tenerle miedo: como dice Rodrigo Fresán, "la lectura resulta laboriosa, pero pynchonianamente laboriosa; lo que equivale a decir que cuesta pero que el esfuerzo es más que recompensado".

Más leyenda, en fin, puesta al servicio del señor Thomas Pynchon, del que poco se sabe más allá de que estudió ingeniería y literatura en la Universidad de Cornell, donde al parecer fue alumno de Nabokov (aunque éste no recordaba haberlo tenido en clase); que escribió folletos técnicos para la compañía Boeing y que envió a un cómico a recoger en su nombre el National Book Award. Quienes se lo pasaron en grande con Vineland seguro que están contando las horas.

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