La tradición de una expresión elemental

La propuesta de la algecireña no tiene argumento. Su único fin y objetivo con esta actuación es la de mostrar su lado más flamenco, más racial, menos encorsetado.

En su esencia bailaora prima la energía y la fuerza, la sutileza apenas aparece. Con la mirada también baila. Posee unas hechuras muy flamencas.

Un espectáculo con más continente que contenido, pues no quiso contar más que lo que siente en estos momentos de su vida. Bailes tradicionales que recogen esencias de sus maestras, aún no ha logrado construir su propia personalidad, aunque va por buen camino. Es joven y ya apunta maneras.

No desaprovechó la oportunidad brindada por el Festival de Jerez, para ella, según aseguró en la mañana previa, "los sueños se cumplen cuando se lucha". Es ésta su tercera creación propia tras 'Aborigen y Filigrana' y ha contado con la supervisión de Javier Latorre.

Comienza con el recuerdo a Paco de Lucía, al que se vuelve a tener presente más tarde con la intervención de Daniel Casares, uno momento sobresaliente de la tarde. Antes, pudimos verla en una inicial aparición por bulerías de Utrera y Lebrija. Con aterciopelado traje burdeos eleva la temperatura en la soleá.

Cabe destacar una vez visto algunos espectáculos en la Compañía que la iluminación está siendo más cuidada por parte de los artistas que en anteriores ediciones. El público tardó en integrarse, el aplauso fue apareciendo con cuentagotas, pero al final se valoró al alza la entrega de Sabarea.

El artista invitado, Casares, mostró una desmesurada destreza en las pulsaciones con un toque limpio y brillante por rondeñas y remate pos alegrías. Momento en el que la de Algeciras se enfundó un traje marrón para introducirse en las seguiriyas.

Los cantes de Esperanza León y Manuel Peralta nos encaminaron a la profundidad del momento, al igual que la guitarra de Torres y el compás de la percusión de Shuster. Noelia se miró hacia dentro para expresar su sentir seguiriyero. Aquí sobraron algunos minutos.

Solo por bulerías o cuplés de los de atrás para seguir. Por último vimos a una bailaora crecida por cantiñas y alegrías con bata de cola y mantón. Fue ahí donde se olvidó del resto para desahogar sus claras pretensiones, mostrar sus penas y sus alegrías, su sentir flamenco, una vez más.

Fue entonces cuando el público captó la grandeza de una bailaora en construcción que apuesta por la tradición de una expresión flamenca elemental.

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