La terna, por encima de una dura corrida de Ortega

  • Leandro, ovacionado en su lote, consiguió momentos espléndidos al natural · La firmeza de Aguilar no fue reconocida · Barrera se justifica con un lote muy áspero

En la segunda corrida de la Feria de San Isidro, los diestros Antonio Barrera, Leandro y Sergio Aguilar estuvieron por encima de un encierro de Gerardo Ortega, bien presentado, de astifinas defensas, pero de malas ideas. Toros de antaño para toreros de hogaño, que en ningún momento volvieron la cara en la lidia. Es más, uno de ellos, Aguilar, estuvo a punto de perder el ojo izquierdo en uno de los hachazos que sufrió del tercer toro. Y Leandro sufrió un puntazo en el muslo izquierdo, que le infirió el quinto. Únicamente se les puede objetar que ninguno de ellos matara en el primer envite; si bien, por las condiciones de sus oponentes, que llegaron a la suerte suprema a la espera de cazar al torero, tampoco podían ejecutar las estocadas con facilidad y seguridad.

Antonio Barrera se justificó ante un lote muy áspero. Aguantó gañafones y hachazos por doquier del geniudo primero. En su segundo, manso, hay que anotar un quite muy oportuno de Sergio Aguilar a Paco Peña, cuando corría en busca de las tablas en el tercio de banderillas.

Leandro demostró que tiene la moneda del buen toreo en sus manos, pero le faltó material franco. Su primero, incierto, que ya echó la cara arriba en banderillas, no llegó a entregarse en la muleta. Embestía en un par de muletazos y al tercero soltaba un gañafón inesperado. El vallisoletano sufrió una colada escalofriante en un derechazo. Al natural, consiguió una serie notable y ya, con el toro rajado y metido en tablas, no tuvo opción al lucimiento.

Con el manso quinto, con instintos de cazador, Leandro se la jugó de nuevo y en uno de los muletazos el toro lo prendió, infiriéndole un puntazo en la parte posterior del muslo izquierdo.

Sergio Aguilar se mostró muy firme. Además de la decisión y un valor frío, citó siempre bien colocado e intentó el toreo con pureza, bajando la mano. En el tercero consiguió brillar con la diestra y dibujó algunos naturales preciosos. Debido al astado, sin recorrido y sin entrega, faltó la ligazón necesaria para que la faena calara en un público que apenas supo valorarla. En uno de los muletazos, el toro le dio un pitonazo en la cara, hiriéndole en el párpado del ojo izquierdo.

Con el sexto, un toro manso y que buscaba el bulto, volvió a dar una buena dimensión. Inició la labor con un fallero en los medios. Llegó a arrancar muletazos, muy meritorios, especialmente por el pitón izquierdo. La faena decayó, con varios enganchones, a medida que el comportamiento del funo fue más complicado.

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