Y el suelo habló....

  • Hallan 85 postales enviadas desde 20 países diferentes en las giras del bailarín vallisoletano Vicente Escudero; aquí, un repaso a las que el artista escribió desde Andalucía a su amigo Fidel, alguna de ellas, desde Jerez

Érase una vez un hombre que hacía hablar al suelo. No era mago pero lo parecía porque con sus pies Vicente Escudero dibujaba ilusiones. Nacido en Valladolid en 1887, fallecido en Barcelona en 1980. Bailaor y bailarín, coreógrafo, escritor y viajero, nunca imaginó que el arte que guardaban sus zapatos le llevaría a tantos lugares del mundo. Considerado por los entendidos como una de las figuras más importantes del baile contemporáneo, le obsesionaba desde niño encontrarle el sonido a cualquier elemento zapateable, como hacía en las tapaderas de las bocas de riego de su ciudad natal, tomando tal afición a ese ejercicio que se pasaba el día corriendo de una a otra para comprobar los distintos sonidos. Algo que le costó a su padre, zapatero precisamente, más de una multa. No era gitano, pero se crió entre ellos, según asegura el artista en su libro Mi baile, que vierte muchos datos sobre su infancia y sus primeras incursiones en el mundo del baile. Decía, "...ser gitano de adopción con un cuarterón de sangre gitana y tres de castellano viejo".

Mucho se ha escrito y hablado del bailarín, sin embargo, pocos testimonios son tan cercanos y descriptivos como las postales y cartas que el propio artista escribía en sus innumerables actuaciones por el mundo. El coleccionista y amante del flamenco Víctor Bermúdez habla del reciente hallazgo de 85 de estas postales del artista de Valladolid que desvelan su periplo internacional, enviadas desde 20 países diferentes y más de 62 capitales de todo el mundo, en fechas que van desde 1917 a 1941, años cruciales en la historia de España. Norteamérica, Europa, norte de África, Asia, Países Bajos, Italia, Francia, Inglaterra, Suiza, Marruecos, Turquía, Bélgica, Suecia, Holanda, Argelia, Estados Unidos, Palestina... Entre las postales, de las que Bermúdez es propietario, destacan 12 escritas desde las tournées que realizó por Andalucía. Y particularmente escribe una desde Jerez, el 11 de octubre de 1933, en la que de una manera muy flamenca ensalza la ciudad: "Querido Fidel (persona a la que escribe) esto es una cosa seria como vino y como ciudad". La postal lleva una bonita fotografía de la Alameda Fortun de Torres de Jerez (Alameda Vieja).

También ensalza Andalucía en sus misivas, especialmente Granada, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Algeciras... En todas ellas va haciendo un relato de su trabajo en cada destino, de los acontecimientos históricos que le acompañan en cada viaje, como en Granada, donde dice que estuvo bailando en las cuevas del Sacromonte con unos amigos gitanos, "donde no quisieron cobrar el vino que bebimos", y que es "la mejor ciudad del mundo". O desde Cádiz, "a la que llaman aquí Tacita de Plata". Se preocupa en sus letras por la política, la economía, el mundo de los toros, que adora, por la salud de su pierna, quebrada por una lesión, por la que tiene que reposar en Biarritz más de una vez. Cuenta, a través de sus postales, cómo van cambiando los acontecimientos históricos. De hecho, las direcciones de su destinatario, a Valladolid, cambian según se van sucediendo los acontecimientos históricos. Hoy, es Acera de Recoletos nº 18, pero hasta 1931, Escudero escribe a la avenida de Alfonso XIII; a partir de abril de ese año, a la avenida de la República; cuando estalla la guerra, a la avenida del General Franco, y luego, con la dictadura, a la avenida del Generalísimo.

Las 85 postales están escritas y firmadas en su mayoría por el famoso bailarín, excepto unas pocas que son escritas y firmadas por Carmita (García, la pareja de Vicente Escudero) o por los dos. El destinatario de las postales es Fidel Martín, excepto una que manda desde Copenhague el día 21 de diciembre de 1938 a su madre señora viuda de Escudero. Alguien retiró los sellos de las postales, pero se conservan los matasellos con las fechas. Desde el 23 de agosto de 1936 las postales comienzan a llevar una estampa de la Censura Militar. Las postales se conservan en muy buen estado.

Y en sus postales, y por estas fechas, en diciembre de 1929, cuenta Vicente a Fidel que se encontraba en Belén, como "un peregrino", y realmente pocos españoles habrían pisado dicha tierra. En enero de 1930, en Estambul le dice a Fidel que si "a padre le hace falta dinero, que se lo preste" porque desde allí es muy complicado enviárselo. El bailarín estaba obsesionado con la rectas y enviaba postales a Fidel de edificios alargados y rectos, como los de Nueva York. Habla de la forma de trabajar de los alemanes, y propone incluso que se envíen a España máquinas de imprenta alemanas.

Cuenta Bermúdez que las postales las encontró su compañero de trabajo Lucrecio Foces, hace ahora 20 años, "en una nave industrial que había adquirido un familiar de él. La nave tenia mobiliario viejo que se estaban tirando a la basura, y fue en uno de los cajones de esos muebles viejos donde las encontró entre otra documentación. En marzo de este año me comentó que todavía las tenía guardadas y yo mostré interés por el tema así que me las regaló. Después de investigar sobre el personaje, me di cuenta del valor documental e histórico que tienen las postales y decidí darlas a conocer".

El director de la Cátedra de Flamencologia, Juan de la Plata, habla de su relación con Vicente Escudero, con quien tuvo "una gran amistad y una amplia correspondencia". "Fue -añade- una persona bastante agradable y simpática. Le gustaba dibujar de forma muy moderna, influido por los pintores abstractos y, sobre todo, por Picasso, de quien fue amigo. Publicó varios libros, uno de ellos dedicado a las figuras del museo de arte sacro de Valladolid, descubriendo que todas las esculturas de santos, de Berruguete, que existen en el mismo, tienen posturas de baile flamenco". Asegura De la Plata que Escudero también cantaba bastante bien, llegando a grabar un disco LP de vinilo con sus mejores cantes, todos antiguos. "Fue un gran admirador del jerezano Manuel Torre. Sus últimos años los pasó en Barcelona, dedicándose a dar recitales por toda España en salas de concierto, ateneos y centros culturales, acompañado por su pareja Carmita García, con la que vino en dos ocasiones a Jerez, a la Academia de San Dionisio. También era un enamorado de nuestros vinos, y tenía en su casa lo que él llamaba "su bodeguita", un pequeño barril con vino de Jerez". "Después de años carteándonos -dice-, sin conocernos físicamente, nos encontramos al fin, en 1962, en el Real Alcázar de los Reyes Cristianos, de Córdoba, momentos antes de que Antonio Mairena recibiera la Llave de Oro del Cante, siendo éste quien me presentó al maestro, y brindamos los tres por la suerte del cantaor, en una noche en la que, el gran rival de Escudero, Antonio el bailarín, bailaba bajo la luz de la luna y entregaba a Mairena el aurífero y mítico trofeo".

El escritor y flamencólogo jerezano Manuel Ríos Ruiz no tuvo relación directa con el bailarín, que califica de una persona "muy preocupada por la cuestión cultural, tenía interés en conocer a escritores, periodistas, investigadores, a todo tipo de personas con cierta relevancia cultural. Lo sé porque el escritor Fernando Quiñones sí habló con él muchas veces, y contaba esa inquietud del artista. Una figura cumbre del baile español de una época que aportó mucho al flamenco".

Vicente Escudero fue además autor del Decálogo del Baile Flamenco, que recomendaba: bailar en hombre. Sobriedad. Girar la muñeca de dentro afuera con los dedos juntos. Las caderas quietas. Bailar asentao y pastueño. Armonía de pies brazos y cabeza. Estética y plástica sin mixtificaciones. Estilo y acento. Bailar con indumentaria tradicional. Lograr variedad de sonidos con el corazón, sin chapas en los zapatos, sin escenarios postizos y sin otros accesorios.

"El objetivo -subraya Bermúdez- es buscar una institución que tenga un proyecto para estas postales e incluso las puedo ceder temporalmente para exponerlas".

El bailarín, actor que fue también en Hollywood, definía el flamenco como "el baile más completo y de mayor complejidad que se conoce actualmente. Una afirmación así sólo puede hacerla un bailarín. Pues todo artista, de cualquier género de danzas, conoce no sólo el que cultiva, sino que siempre tiene nociones técnicas de todos los demás". Un rebelde contra los bailaores que bailaban siempre el mismo toque rutinario, sin improvisación, porque prefería "más bailar como un inconsciente que como un inteligente". Un 'enterao' (capacidad de seguir los toques de la guitarra) que prefería no 'enterarse' sobre el escenario, algo por lo que fue muy criticado y envidiado a la vez. Una vida, para una postal.

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