La semblanza de un héroe

La figura de Alonso Pérez de Guzmán, Guzmán el Bueno, aún se recuerda como modelo de la integridad de quienes actúan comprometidos con sus ideas y valores. El episodio que mejor simboliza su coraje ocurrió cuando era alcaide de Tarifa: el desleal infante Don Juan, hermano del rey don Sancho, le dio a elegir entre entregar la villa o ver morir a su primogénito, Pedro Alfonso, y él acabo lanzando su propio cuchillo para que se materializara ese sacrificio. Posiblemente ese relato por el que se vincula al caballero cristiano al linaje de los héroes ha ensombrecido otros momentos de una apasionante biografía que ahora reivindica en una novela el historiador Antonio Torremocha. El investigador algecireño, doctor en Filosofía y Letras, antiguo director del Museo de Algeciras y recientemente elegido para ingresar en la Academia Andaluza de la Historia -su discurso girará en torno a Gibraltar entre el Islam y la cristiandad, un asunto en el que la peripecia de Guzmán el Bueno desempeñó un importante papel-, suma así un nuevo título a una bibliografía en la que destacan obras como Historia verdadera del pícaro Juan Pedroche o Tariq y Musa, conquistadores de al-Andalus.

Torremocha opta por la ficción novelada para reconstruir el itinerario vital de este personaje legendario, desde su nacimiento como hijo ilegítimo hasta su muerte en una batalla en la serranía de Ronda, y relata los diferentes capítulos sirviéndose de la voz de Luis de Cepeda y Ayala, secretario del bisnieto de Guzmán el Bueno a quien han encargado la semblanza del caballero. Es este narrador el que revela la escasez de documentación sobre los orígenes del hombre debido a su condición de bastardo. "Los cronistas parecen hacer oídos sordos al evento [el nacimiento de un hijo ilegítimo], sin duda porque saben que de ordinario el recién nacido no dejará huella alguna en el devenir de la familia ni en la historia grande del reino", expone la voz que contará la historia.

Pero Alonso Pérez de Guzmán está llamado a ser uno de esos hombres que cambian con su determinación el destino que parece marcado para ellos. Guzmán el Bueno, una vida de leyenda describe la audacia de un militar que ya desde sus comienzos se hace notar en la contienda, pero que también conoce la piedad: el cortés trato que da al meriní Alí Aben Comat cuando captura a éste y lo retiene en su casa será el inicio de una amistad que se prolongará durante años -encuentros, por cierto, de los que apenas han llegado noticias y que surgen de la imaginación del novelista-. También el orgullo cambiará el rumbo del protagonista cuando sienta que Alfonso X no le apoya ante un comentario incómodo que cuestiona su honra. Decidirá así Alonso Pérez de Guzmán desnaturalizarse de Castilla y aceptar la oferta hecha por el sultán de los meriníes de ponerse a su servicio, lo que será el comienzo de los 15 años que pasó en Marruecos, entre 1276 y 1291.

Ésta es quizás la etapa menos explorada de la trayectoria de Guzmán el Bueno y uno de los principales hallazgos de una novela que sabe combinar el rigor en el manejo de los hechos históricos con la virtud de saber entretener a los lectores. Torremocha sabe aprovechar las enormes posibilidades de este héroe a quien se deben los orígenes de la casa de Medina Sidonia, un guerrero que vivió una constante aventura, que recurrió a la estrategia de fingir la separación de su mujer para poder traer a España con ella las riquezas que había acumulado en África y del que la leyenda contó que mató a una sierpe alada que aterrorizaba a los habitantes. Un hombre que, pese a tener un punto de partida en su contra, supo ganarse un lugar en la gloria.

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