Todos los rostros de Frida Kahlo

  • Una exposición muestra desde el próximo día 20 en Sevilla más de medio centenar de retratos de la mexicana · Artistas y fotoperiodistas capturaron la mirada de la pintora durante toda su vida

Hija y nieta de fotógrafos, la orgullosa y apasionada Frida Kahlo (1907-1954) se habituó desde su niñez a posar para multitud de retratos. Una parte de ellos llega el próximo día 20 al Ayuntamiento de Sevilla, que acogerá hasta el 15 de enero la exposición Frida Kahlo, la gran ocultadora, organizada por la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). La muestra reúne 53 instantáneas de la pintora mexicana, para quien la fotografía fue una disciplina fundamental, hasta el punto de que planificó meticulosamente con Lola Álvarez Bravo el retrato de su propio funeral.

Las fotografías están realizadas por algunos de los autores más más representativos del pasado siglo. Firman los retratos que se verán en la ciudad maestros de la modernidad como Edgard Weston, Imogen Cunningham, Carl van Vechten, Manuel Álvarez Bravo, Martín Munkacsi; también fotoperiodistas como Gisèle Freund, Bernard Silberstein y Fritz Henle se ocuparon de capturar la singular belleza de la artista, que se exhibe como una consumada modelo.

Hay un apartado dedicado a los retratos que le hicieron sus personas allegadas. Frida Kahlo aparece en estas imágenes en la intimidad de su hogar, desprovista de artificios, lo que convierte esta sección en una de las más atractivas de la exposición.

Las fotografías acaban convietiéndose en un elocuente hilo narrativo de la vida de la pintora, de la que se muestran desde episodios de su infancia hasta los más cercanos a su muerte. En todo este recorrido, una figura ocupa un lugar central tanto para su intimidad como para la evolución de su lenguaje artístico. El pintor y muralista Diego Rivera, con el que estuvo casada, propició gran parte de los encuentros de Kahlo con amigos artistas e intelectuales que salen también retratados en esta muestra.

La relajada relación de la pintura con la cámara fotográfica se observa en los primeros retratos familiares, testimonios precoces de una personalidad seductora y vehemente. Tras su brutal accidente -que le dejó en 1925 la columna vertebral casi rota y le produjo dolores indescriptibles-, comenzó a pintarse a sí misma. "Soy el motivo que mejor conozco", dijo en una ocasión. Luego sus autorretratos -como su celebérrima obra Las dos Fridas- se conviertieron en el principal motivo pictórico de su producción. En este sentido, ella misma fue su mejor creación. Por eso llegó a definirse como "la gran ocultadora".

Para tratar de contrarrestar esta maestría en el engaño que solía atribuirse, la exposición compone un retrato colectivo y en el tiempo de Frida Kahlo, la artista y revolucionaria, la amante y la enferma, la indígena, la cosmopolita y la celebridad.

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