Dos reapariciones y una losa de aburrimiento

  • Serafín Marín y Matías Tejela retornan tras sendos percances graves en un festejo en el que el francés Juan Bautista cosecha la única ovación de la tarde

Hasta hace cuatro días eran duda. Pero ahí estaban, en el portón de cuadrillas de Las Ventas, a las siete en punto de la tarde, los diestros Serafín Marín y Matías Tejela para reaparecer. El primero, con dos vértebras fracturadas el pasado 26 de abril en Zaragoza. El segundo, con una cornada muy serie en la ingle derecha hace una semana en Nimes. El barcelonés, todavía con problemas, dolores y mareos. El madrileño, con la herida todavía supurando. Pero así son los toreros. Con ellos, el francés Juan Bautista, que abría cartel, se la vio con una corrida de Las Rambas, desigual en presentación y juego, destacando positivamente primero y quinto. Un encierro que no fue totalmente aprovechado por la terna.

Juan Bautista fue el único espada que cosechó una ovación como colofón de una faena. Sucedió en el primer acto. Con el mansote, pero noble colorado, bajo, bien armado, que abrió plaza, el diestro francés estuvo correcto en una faena de más a menos, en intensidad. Descolló en una gran tanda con la diestra y otra con buenos naturales. Mató de estocada desprendida y fue ovacionado. Serafín Marín cuajó un quite con unas gaoneras ceñidísimas y Domingo Navarro realizó un quite al riesgo oportunísimo. Con el capote dibujó un ramillete de bellas y templadas verónicas, que remató con una preciosa media. Con el deslucido cuarto, la labor resultó fría.

Serafín Marín no anduvo listo. Debió colocarse mejor en su primero y acortar la faena en el otro. Con el incómodo tercero, que no tragaba más de dos muletazos seguidos embistiendo con franqueza, el torero barcelonés, no apostó totalmente por el triunfo y no logró nada positivo. Con el quinto, un toro de cornamenta acodada y manejable, Marín realizó una faena de más a menos y excesivamente larga.

Matías Tejela se las vio con un toro manso, que apretaba mucho hacia los adentros. Tejela, que dedicó su faena al doctor Ángel Villamor, que le ha tratado para que retorne en un tiempo récord, se esforzó y sacó algunos muletazos de entidad a un castaño que no se entregaba. Con el público ya sin apenas prestarle atención, intentó lucirse con el complicado sexto en una tarde que comenzó esperanzadoramente, con dos reapariciones, y acabó sepultada bajo un losa de aburrimiento. El consuelo estuvo en que duró dos horas exactamente.

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