Una realidad llena de feliz frescura

HACÍA tiempo -por lo menos así me lo ha parecido al echarlo tanto de menos- que Pepe Cano no se presentaba en solitario. Es un pintor necesario que pone frescura a los viciados ambientes artísticos reinantes. Además es un pintor en quien creemos y cuya pintura convence de principio a fin; un artista que tiene una conciencia pictórica diferente, llena de personalidad y con una serie de registros que aportan claridad y dejan un buen regusto a feliz manifestación estética y a jocosa plasmación figurativa.

La pintura de Pepe Cano. Que ha quemado muchas etapas a lo largo de estos años, siempre ha estado poseída de una ironía, de un festivo planteamiento representativo donde la realidad aparece ilustrada con mínimos encuadres compositivos que, no obstante, desentrañan muy buenos desenlaces significativos. La obra del artista linense tiene como absoluta potestad la de relatar bellas historias de simplicidades. En ellas la realidad pierde sus contornos más encorsetados y asume una estética llena de esquematismos, donde lo menos llega a ser más y donde las mínimas circunstancias de esta sociedad inmediata son representadas con escuetas manifestaciones y muchos argumentos de felicísima significación.

A Pepe Cano, que ha llenado de grandes series, algunas de ellas permanecen eternas en el recuerdo - la dedicada al "Amor en los tiempos del cólera", "la vida de Simeón el Loco", las camas y cobertores, entre otras - continúa con su desarrollo de una realidad cercana que él es capaz de transcribir con la mayor ingenuidad, la más esquiva ironía y la más festiva representación de ese discurso existencial que el autor plantea con personal lenguaje.

Para esta ocasión, la pintura de Pepe Cano se ha desposeído de muchos elementos, sólo se ha quedado con los registros que ofertan una mayor expresividad, despojando a la ilustración de toda hojarasca y dejando los más escuetos desenlaces ilustrativos.

En este panorama expositivo poco ilusionante que, ahora, existe, la pintura de Pepe Cano llega ofreciéndonos esa frescura que siempre la ha caracterizado, ilustrando una realidad con pocos elementos pero muchos sistemas expresivos que marcan rutas por donde transcurre una figuración preñada de sugestivas parcelas de jocosas circunstancias. De nuevo volvemos a encontrarnos con la obra inquietante de un Pepe Cano, artista necesario en este universo donde el follaje no deja ver la claridad. El artista linense tiene el antídoto para dar alegría a una pintura con muchas sombrías manifestaciones.

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