Los primeros solitarios de la historia

  • Teodoreto, obispo del siglo V, describió en su Historia Philotea las vidas de los eremitas que visitó siendo niño

En el seno de una cultura griega que aún admiraba a los atletas que competían en los juegos, vivió Teodoreto (literalmente, el consagrado a Dios) que llegó a ser obispo de Ciro. Su historia de los eremitas del desierto sirio aún recurre a las metáforas de la palestra y el agón (desafío)para defender, sin embargo, una nueva épica, la del combate del alma contra fuerzas muy superiores, en escenarios sobrenaturales y circunstancias peregrinas. ¿Quién se negaría a bucear en estas páginas que traían al regazo el mismo espíritu de Dios por medio de sus amigos? Ramón Teja comenta en la introducción a su ejemplar traduccion del griego: "La hagiografía o vidas de santos continúa la tradición de la biografía griega... sacar del olvido el recuerdo de estos grandes ascetas y exponerles como modelo de vida a las generaciones posteriores". Partiendo de esta raíz, Teodoreto quiere ir, sin embargo, más lejos, transfiriendo al dominio celeste lo mejor del drama, la historia y la epopeya griegas en las que se educó.

La hagiografía cristiana ya había dado sus primeros pasos con la difusión de las vidas de los monjes egipcios y palestinos, pero Teodoreto se aparta estratégicamente de ellos para crear un modelo propio que bebe en el neo-platonismo de su formación pagana ("amantes con ardor de la divina belleza" llama a los ermitaños) para trascenderlo mediante la experiencia de una vida radical en soledad. El anacoreta termina por encarnar la imagen del "verdadero filósofo", haciendo de la praxis eremita, auténtica theoría (contemplación divina).

Los milagros que obran estos nuevos filósofos expresan, igualmente, el rico simbolismo que pobló la frontera entre filosofía y religión en el mundo helenístico. Imágenes de la naturaleza que expresan una voluntad de revelación: la fuente que mana de la lágrimas del monje Juliano, la piedra hecha añicos por Jacobo, las señales de aceite que curan terribles males.

El libro puede ser leído como una teurgia, camino de acercamiento a Dios por medio de los ejemplos de sus predilectos que ilustran con distintos carismas cada una de las virtudes y, dejan atrás, en cada recodo, los lastres del mundo. En éste que vivimos del espectáculo permanente quizás nos llame la atención la absoluta desnudez de estas opciones de vida, admirables por su vaciamiento radical del ruido y las luces del siglo, paradójicamente, el único espectáculo que nos queda por descubrir.

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