En pie ante el maestro

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Festival Internacional del Cante de las Minas. 'Paco de Lucía en concierto'. Guitarra: Paco de Lucía, Antonio Sánchez. Cante: Duquende, David de la Jacoba. Baile: Farruco. Armónica y teclados: Antonio Serrano. Bajo: Alain Pérez. Percusión: El Piraña. Lugar: Antiguo Mercado. Fecha: martes, 10 de agosto. Aforo: Lleno.

El concierto se inicia a las 23,30 porque antes hay una pequeña ceremonia. En ella el alcalde de La Unión, Paco Bernabé entrega el Premio Catedral del Cante a Japón, en la persona de su embajador en España, Fumiaki Takahashi, por la labor de dicha nación en la conservación, promoción y difusión de la cultura y el arte flamenco. De hecho este año una de las aspirantes al Desplante Minero es Niwa Akiko, bailaora japonesa discípula de Yoko Komatsubara, que se encuentra esta noche entre el público.

El guitarrista sale solo a la escena. Sin mirar al público, empieza a afinar su instrumento. Antes de iniciar el primer toque en solitario, la rondeña, da las buenas noches. El tocaor está en plenitud de forma. La melodía tensa, a la carrera, se encoje, se estira, suspira, respira, enérgica. Paco de Lucía sigue corriendo, sigue arrasando. La soledad de la cima se traduce en un rostro adusto. Viene luego la soleá por bulerías y el grupo, los gestos cómplices, sobre todo con el cante camaronero. Primero la voz entusiasta de David de la Jacoba, puro color, pura carne. Y la dolorida y refinada, quintaesencia de emoción y abstracción, de Duquende. Las primeras bulerías de la noche, en tono mayor, son un vibrante dúo con el Piraña. Las alegrías para introducir el bajo eléctrico de Alain Pérez y la armónica de Antonio Serrano. La armónica es el contrapunto melódico de la guitarra, aunque el primer gran aplauso que Serrano le arranca al público es gracias a un ensayo de polifonía: parece increíble que este instrumento arrollador tenga menos de 15 centímetros. Cuando el recital deriva hacia el final de su primera parte surge el baile acrobático, de inspiración, eléctrico y enjundioso de Farruco.

La segunda parte del recital viene dominada por el estilo binario de tangos y tanguillos. La contundencia, intacta, de Paco de Lucía, la fiereza de los cierres, la tensión y la rabia que revolucionó hasta en tres ocasiones este arte, dejó una huella indeleble en estos estilos que aún se mantiene vigente. Suena el estribillo vibrante de La feria de La Línea, para pasar de repente a una serie de variaciones por seguiriyas bailables. Es el tema Luzía, del disco homónimo, un estilo que el de Algeciras llevaba 30 años sin grabar hasta entonces. El tema se cierra con el baile más largo de la noche. El recuerdo a la madre sucede al recuerdo al amigo de la primera parte (en la rondeña, en el estribillo de Campanas del alba). Se inician los acordes de Ziriab, lo que indica que el concierto está terminando. Una rueda de acordes para una serie de variaciones en la que participan todos los músicos excepto el bailaor.

Paco y los suyos se van. Pero el público quiere más. Al tocaor, que sigue siendo el músico flamenco más arriesgado en los aspectos armónicos y melódicos, no se le caen los anillos por hacer una concesión a la popularidad, su propia popularidad, así que inicia el bis con la melodía de Entre dos aguas y el atestado Antiguo Mercado de La Unión se viene abajo. Y es que los aficionados han desbordado el aforo y cientos de personas han pasado las dos horas del concierto de pie.

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