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Sobre el perdón y la culpa

  • La novela, que ahora se edita en España, se publicó por primera vez en francés pocos días antes de que le fuera concedido el Nobel de Literatura a J.M.G. Le Clézio

Como ustedes saben, el frente interior fue una espantosa novedad traída por las guerras modernas, y cuya finalidad consistía en doblegar la voluntad, no de los combatientes, pero sí de la población que aguardaba noticias de la familia y un alimento escaso. En contra del adagio unamuniano ("que inventen ellos"), el terror de las masas inermes fue una invención española. O al menos, para no darnos demasiada importancia, aquí fue puesta en práctica como terrible prolegómeno de la II Guerra Mundial y su masivo exterminio. De eso, en cierto modo, trata La música del hambre del Nobel Le Clézio. De eso y del complejo de culpa, del indisimulado entusiasmo, sólo recientemente asumido, con que un sector de la sociedad francesa recibió la invasión nazi.

Hay un cuento de Edgar Neville, el humorista español, en el que ejemplifica la ambigüedad con que la dulce Francia primero acogió y luego eliminó a la tropa invasora. Neville, guionista en Hollywood, amigo de Charles Chaplin, escritor filo-franquista, quizá quisiera denunciar así la hipocresía, obligada o no, con la que Francia se eximía de sus culpas. En este sentido, Le Clézio, escritor marginal, francés autoexiliado, no deja de recordar la viva conmoción que los discursos de Hilter provocaron en cierta burguesía, así como tampoco la importancia de Maurras, Laval, Céline, Drieu la Rochelle, etcétera, en la divulgación de un ideario homicida. Sin esta nutrida participación social, sin el asombro con que la élite marcial francesa siguió los avances de la Wehrmacht, una parte de la historia continental permanecería tan inexplicada como inexplicable. A lo cual se añade la cuestión judía, cuya virulencia, cuya extensión, cuyo recurrente delirio, es difícilmente comprensible para las nuevas generaciones europeas. Entre otros motivos, por la escasez de población judía tras dicho conflicto. Pero volviendo a La música del hambre, a esta breve novela de Le Clézio, publicada antes de concedérsele el Nobel, hay que decir que sólo parcialmente consigue sus objetivos, pues a la brevedad del texto se une una cierta vaguedad, una vaga dispersión, en la que sobrevuela, sí, el advenimiento de la catástrofe, la llegada del oprobio, pero sin que los personajes acaben de explicarse por sí mismos. Por otra parte, La música del hambre, título que hace referencia expresa a las carencias de una muchedumbre en guerra (carencias que el mismo Le Clézio padeció según confiesa en las primeras páginas), no se cohonesta con el propio asunto de la novela, el cual no es otro, a nuestro parvo entender, que esa culpa generalizada, que ese entusiasmo revertido en culpa, con que las clases acomodadas contemplaron el estrepitoso fin de una época.

Si La música del hambre es la historia de una familia adinerada, a través de la cual conocemos el exilio ruso, el antisemitismo francés, el temor a Stalin, más el celérico auge del nazismo, también es cierto que el hambre, como tal, sólo aparece marginalmente en la segunda parte de la novela. Una segunda parte construida con enumeraciones y fragmentos, mientras que la primera, más pausada y precisa, despliega ante nosotros el laberinto ideológico en el que fue posible la barbarie. Ya hemos dicho antes que solo muy recientemente ha empezado a debatirse en Francia esta parte ominosa de su pasado. Se ha dado el caso de políticos que se fraguaron una biografía apócrifa en la Resistencia, cuando lo cierto es que la Resistencia fue una excepción tan minúscula como heroica. Pocos como Malraux pudieron aducir un patriotismo sin fisuras; en tanto que Le Pen sigue cosechando un llamativo porcentaje del electorado galo (de fondo Miterrand, como imagen imperfecta de una Historia inventada). ¿Es por esta labor de reclamación y memoria por lo que Le Clézio recibió el Nobel? Misterios de la diplomacia. En todo caso, su valía literaria no nos parece a la altura de dicho galardón. Injusticia por injusticia, uno prefiere a otro discutidísimo galardonado: el siempre expeditivo Winston Churchill.

J.M.G. Le Clézio. Tusquest, Barcelona, 2009. 216 páginas. 17 euros.

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