Literatura

En el país de los 'beatniks'

  • Aparece en castellano la "memoria beat" de Joyce Johnson, donde la que fuera su novia evoca su relación con Kerouac y otros escritores y artistas de su generación

Sus obras, audaces y rompedoras, son ya clásicos del siglo XX, pero los integrantes de la Beat Generation siguen concitando el interés de un público amplio y permanentemente renovado, que devora todo lo relacionado con un grupo de escritores que logró proyectar su ascendiente más allá del ámbito estricto de la literatura. Meses atrás han coincidido en librerías una edición bilingüe del Libro de jaikus de Jack Kerouac (Bartleby), traducido por Marcos Canteli, y una interesantísima antología de Jesús Aguado, No pasa nada. Los poetas beat y Oriente (El Bardo), que inciden en la peculiar atracción que los apóstoles de la contracultura sintieron por la filosofía, la religión y las formas poéticas de la tradición oriental, no por en ocasiones ingenua o heterodoxa menos fecunda e incitadora. Ahora se publican, por primera vez en castellano, las memorias de la escritora y editora Joyce Johnson (Nueva York, 1935), un relato que evoca su estrecha convivencia con Kerouac y los beatniks (término que era despectivo en origen) por los años de su primera juventud, en la segunda mitad de los cincuenta.

Fue Allen Ginsberg quien los presentó, el mismo año de la publicación de Aullido. Ella era una muchacha de tan sólo 21 años cuando conoció a Kerouac, que tenía 34, justo antes de que éste publicara su legendaria novela En el camino (1957), la obra que se convirtió en emblema de toda una generación. En calidad de novia del escritor, aunque siempre en un segundo plano -a ello alude el título-, Johnson vivió en la primera línea aquellos años efervescentes que convulsionaron la cultura y la sociedad norteamericanas, preludiando el movimiento hippy y las corrientes liberadoras de los sesenta. Fueron pioneros y lo sabían, pero la revolución era todavía, en aquellos años inaugurales, cosa de hombres, de ahí el interés de una evocación que adopta el punto de vista de ellas, las colaboradoras necesarias aunque apenas visibles de un cambio en las costumbres que tendría consecuencias perdurables. De hecho la autora no se ciñe únicamente a los dos años que duró su relación con Kerouac, al que alojó un tiempo en su piso neoyorquino, sino que rememora asimismo su adolescencia y su temprana emancipación del hogar familiar, llevada por un sentimiento de admiración hacia las flappers de los felices veinte, arrostrando las consecuencias de su apuesta por una vida libre en la pacata sociedad norteamericana del medio siglo.

Pero los tiempos estaban cambiando, y Johnson tuvo la suerte de conocer a un grupo de excepcionales escritores y artistas que si bien no concedían a las mujeres un papel protagonista ni por tanto las trataban como a verdaderos camaradas, no pudieron por menos que estimular y ensanchar su visión del mundo. Personajes secundarios no es una crónica edulcorada y nostálgica (si acaso, un poco lo segundo), pero tampoco es un ajuste de cuentas. El esfuerzo de la autora parece haberse dirigido a hacer una recreación fidedigna -lúcida e inteligente, con momentos muy emotivos- de aquel tiempo, de sus luces y sus sombras. Como novelista que es, Johnson sabe contar bien una buena historia, y por eso lo mejor de su relato es la vívida descripción de unos caracteres que parecen novelescos aunque no lo sean. Es la vida cotidiana de los beatniks, más allá de la leyenda, lo que se nos cuenta en estas páginas, desde dentro mismo de la vorágine en la que vivían inmersos, a un tiempo indolentes y volcados en su tarea creadora. A Johnson, en fin, no le gusta ser considerada "la eterna novia de Kerouac", pero después de haber publicado su correspondencia con el escritor ha declarado que planea escribir su biografía.

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