En la órbita planetaria

  • La editorial granadina Ondas del Espacio convoca a amigos y seguidores de la banda en 'De viaje por Los Planetas', libro y disco colectivo en el XX aniversario del álbum 'Super 8'

Objeto de revisión previa en volúmenes tan distintos y distantes como Los Planetas. La verdadera historia (Jesús Llorente, Rockdelux, 1999) o Una semana en el motor de un autobús. La historia del disco que casi acaba con Los Planetas (Nando Cruz, Lengua de Trapo, 2011), la bibliografía en torno a la trayectoria de la banda granadina, una de las más relevantes de su generación, suma un nuevo título con De viaje por Los Planetas, singular artefacto bajo el formato disco-libro-cómic que toma como excusa el vigésimo aniversario de la edición del primer álbum del grupo, Super 8, para celebrar con ánimo entre nostálgico y festivo aquella época primeriza.

A diferencia del trabajo de Cruz, tan exhaustivo como ameno en su lograda intención de documentar la génesis de aquel álbum decisivo -para quien suscribe, uno de los más notables libros sobre música pop escritos en España-, en De viaje por Los Planetas ese debut en largo, el mencionado Super 8, es en efecto coartada ética y estética: aquel disco y su EP predecesor, Medusa, se antojan el armazón en torno al que se construye una nueva reivindicación de los lejanos primeros pasos, reclamación en absoluto ajena a la identificación generacional.

Parece hacerlo, además, en un momento en el que parte de los fans de antaño tuercen el gesto ante los nuevos rumbos tomados por el grupo a partir de La leyenda del espacio (2007), caminos recorridos todavía bien bajo el nombre de Los Planetas o, tras un fructífero intercambio de células creativas, como parte del ADN de otros proyectos brillantes y aún en expansión. Léase aquí, claro, Grupo de Expertos Solynieve y Los Evangelistas, responsables de discos con imponente calado musical que demuestran, a la postre, que Los Planetas eran bastante más que el presunto emblema de una escena indie de la que hoy ya nada queda. Si acaso, el uso descafeinado del sobado término que ahora hacen de él centenares de grupos clónicos y, en su inmensa mayoría, perfectamente prescindibles.

Libro de autoría colectiva coordinado con acierto por Julio Jiménez y Alfonso Méndez -se entiende que a ellos corresponde el relato central ' hilvana la primera parte de la obra-, De viaje por Los Planetas intercala en ese tramo inaugural -de los escarceos al fichaje por RCA y la grabación y publicación del álbum- cinco entrevistas de la época. La primera de ellas, inédita, firmada por Manuel Sánchez para un fanzine que no llegó a editarse, nos muestra los balbuceos de un grupo que acaba de renunciar a llamarse Los Subterráneos -ya sabe: era el mismo nombre que usaba la banda de acompañamiento de Christina Rosenvinge- y aún coquetea con la denominación Solar. La segunda, no acreditada, apareció en 1992 en el fanzine granadino Música en Blanco y Negro, mientras que las tres restantes sí que acreditan el estrecho marcaje al grupo llevado a cabo por Jesús Llorente desde diversas publicaciones -tan sabrosos, o más, que las propias entrevistas son los esfuerzos por contextualizarlas que hoy lleva a cabo el hombre del sello Acuarela, superviviente él mismo del naufragio, como el propio grupo granadino-.

De especial, pero también desigual, enjundia resulta la segunda parte del volumen, Órbitas planetarias, en la que una larga lista de firmas plasma recuerdos y reflexiones en torno a aquellos primeros movimientos. El veterano periodista granadino Juan Jesús García -nadie como él se ha afanado en registrar los nacimientos y defunciones en la escena de la ciudad-; el músico Antonio Arias -primer productor del grupo, incombustible pionero estelar al frente de Lagartija Nick o de lo que haga falta-; el entrañable locutor Julio Ruiz -siempre al quite-; el maestro Jesús Ordovás -ese hombre que acostumbra a ver más allá-; el propio Alfonso Méndez -de su absoluta entrega nace este libro-; el representante Javier Liñán -rastreador, cuando no inventor, de talentos-; el crítico Guillermo Z. del Águila -oiga: es el único que repara en la perfecta iconografía que a partir de Super 8 crea el diseñador Javier Aramburu-; y el músico y productor Fino Oynarte -se explaya y confiesa como ninguno- aportan, en mi opinión, los más reveladores textos a la sección.

De vuelta al impacto generacional, la tercera parte del libro, Universos paralelos, revive todas aquellas canciones de Medusa EP y Super 8 por partida doble: desde el apartado gráfico -proponiendo a diversos ilustradores la creación de obras inspiradas en cada una de ellas- y desde el musical -dejándolas en manos de otras tantas formaciones, hasta 17, todas procedentes de la actual escena del pop independiente nacional a excepción de la chilena Dënver. Como suele ocurrir en estos caso, el resultado es desigual, aunque con suficientes lecturas imaginativas -destacan, entre otras, la de Qué puedo hacer de Klaus & Kinski en clave jota; el lavado y centrifugado folk que Manu Ferrón le hace a El centro del cerebro o la respetuosa y contundente recreación de De viaje a cargo de Odio París- como para hacer del disco, y en general, de toda la obra, una pieza de seguimiento obligado para cualquier fan de Los Planetas.

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