Los nuevos gaditanos descubren su pasado

  • Después de seis años cerrado, el Teatro Romano de Cádiz abre sus puertas a los visitantes El primer día acudieron más personas de la provincia que extranjeros

Una pequeña puerta junto a la Posada del Mesón sirve de entrada a la máquina del tiempo más natural y primitiva que se conoce. No exhibe palancas futuristas ni espirales hipnotizantes, sino rocas excavadas en los muros de la memoria, capas de siglos que han amontonado civilizaciones reticentes a perderse entre el polvo, como si ese no fuera a la postre el destino del propio planeta. Lo único que se mantiene inmutable en el hombre desde que nace es la esperanza a sobrevivir, quizá por ser el único animal consciente de que un día no estará en el mundo, de ahí sus esfuerzos por perdurar, por levantar construcciones que resistan el paso de ese tiempo que devora a sus hijos como si de Saturno se tratara. Tras esa pequeña puerta se esconde la entrada al último reducto de la Gades romana, una ciudad imponente y orgullosa, con el segundo teatro más grande de Hispania, un teatro que ayer reabrió sus puertas tras seis años clausurado por unas obras que lo han dotado de un nuevo recorrido que permite al visitante hacerse una idea de lo que fue, de cómo vivían aquellos primeros gaditanos que ya amaban el teatro. "Tenemos un tesoro bajo nuestros pies y no sabemos venderlo", se quejaba uno de los gaditanos de ahora, de los de pantalones vaqueros y camisetas, que madrugó para recorrer la galería que conecta Cádiz con su pasado. Junto a él, con un aire entre distraído y curiosón, decenas de guiris. No sé si en Gades a los visitantes se les llamaría guiris, porque lo normal es que todos fueran ciudadanos de ese vasto imperio que hizo suyo el mismísimo Mediterráneo, pero a día de hoy, cuando los gaditanos ven a gente con pantalones cortos y un color rosaceo en la piel, como de gamba a medio hervir, los cataloga rápidamente con un vocablo que engloba toda las nacionalidades. Porque ayer en el Theatrum Balbi había británicos de Britania, alemanes de Germania, franceses de la Galia y hasta una sudafricana más blanca que Algodonales. En el registro de la puerta, en tinta roja, una trabajadora de la nueva instalación anotaba su procedencia, pero durante nuestro paseo, para no estar preguntando constantemente, con nuestro inglés macarrónico, Where are you from?, nos limitamos a contar mentalmente, un guiri, dos guiris, diez guiris...

Pero más que guiris ayer abundaban los gaditanos, de Gades y sus alrededores. Como los escolares del colegio Vicente Tofiño de San Fernando, que fueron los primeros en pisar tanto el centro de interpretación como el graderío del viejo teatro. Más tarde fueron llegando visitantes de la propia capital pero también de El Puerto de Santa María, Puerto Real, Arcos, y todos con la misma expresión interesada y un deseo común. "Esto es una maravilla. Hemos visto el vídeo explicativo de cómo estaba articulado el teatro, con sus gradas separadas para las distintas clases sociales de la ciudad y nos ha parecido muy interesante. Está muy bien montado". Por poner alguna pega, los había que se quejaban de que en la puerta que da al Campo del Sur no estuviera mejor explicado que ahora, para adentrarse en esa máquina del tiempo romana, hay que callejear por el Pópulo. Y también les gustaría que la cinta transportadora de materiales, que aún se erige junto a la tarima de madera que preside el graderío, se retirara lo antes posible.

Para llegar a ese lugar hay que recorrer una galería que sí que luce esplendorosa, que ha estado siempre ahí, o casi, y que ha visto la caída del Imperio Romano o la explosión constructiva del medievo, pero nunca habíamos podido recorrerla así de despejada. Al fondo Francisco Alarcón, coordinador del Teatro Romano de Cádiz, se extendía en sus explicaciones a compañeros de los medios de comunicación en un día grande, el día en que los gaditanos de hoy se reencontraron con parte de su pasado únicamente bajando unas escaleras. Nada es eterno, ni siquiera Cádiz, pero, aunque con años de retraso, la ciudad cuenta desde ayer con un nuevo atractivo turístico para los visitantes y para quienes adoran su historia.

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