La noche de las coplas mestizas

  • Javier Ruibal ejerce de trovador en Algeciras para presentar y cantar todas las historias de amor posibles. El concierto del autor portuense lleva a la Escuela Politécnica su jugosa fusión de músicas del mundo

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El padre de Munir Hossn es de origen libio y su madre, brasileña. "La ONU no sabe qué hacer en casos como ése", bromeó anoche en Algeciras Javier Ruibal. Munir Hossn toca el bajo con Ruibal y la música de Ruibal es como su bajista, mestiza. Y él, viejo rockero que no hace rock, un trovador que no puede evitar que sus canciones trasluzcan el mundo y los mundos que se adivina que ha visto.

Hay artistas que se dirigen al público. Ruibal charló con el suyo en la Politécnica, unas 250 personas en un silencio demasiado riguroso, hasta que el propio músico se encargó de recordar que aquello no era misa de doce, aunque se escucharan homilías amorosas para muchachas que pasean por las playas de la Bahía de Cádiz. Cercano, simpático y con ángel, el músico logró finalmente tejer la complicidad que buscaba con la platea.

Ruibal, a solas con su guitarra, se presentó como cantautor, pero no tardó en hacer desfilar a su tropa por el escenario -Hossn, José Recacha a las otras seis cuerdas y Javi Ruibal en la percusión- para proponer su forma de entender la música, rica y heterogénea. Jobim se asoma donde parecía fructificar una copla y llegan aires norteafricanos en medio de un conato de free jazz.

Ruibal interpreta "todas las posibles historias de amor que se pueden cantar" y sus letras "trepan por las faldas" porque se otea a Lorca en su mesilla. Divulgar que Burkina Faso es el penúltimo país del mundo en renta per cápita habla de su compromiso.

La Canalla, con su cantante de baja, no pudo verlo. La próxima.

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