"Un navegante solitario" varado contra la inmortalidad

  • El Príncipe Felipe ensalza en su discurso la figura de Caballero Bonald con una escritura "rica y deslumbrante"

En un paraninfo lleno de "resonancias históricas", el Príncipe Don Felipe celebró junto a Doña Letizia la entrega del Premio Cervantes a José Manuel Caballero Bonal, que con este galardón pasa a formar parte de la nómina de autores "que contribuyen a multiplicar la rica herencia de cuantos usan nuestro idioma común, aliado incondicional del acercamiento entre todos los pueblos hispanohablantes". "Andaluz de Jerez de la Frontera", apuntó Don Felipe, Bonald es "hijo del mestizaje de europeos y americanos, un escritor de referencia por su imponente personalidad literaria y por enriquecer durante más de medio siglo el patrimonio literario de nuestra lengua".

Y de Andalucía, como primeros poetas con los que Bonald entabló relación, recordó también Su Alteza Real la revista Platero, con los gaditanos Fernando Quiñones, la también jerezana Pilar Paz Pasamar o el grupo cordobés de la revista Cántico, como Pablo García Baena, Vicente Núñez o Ricardo Molina. Pero recordó la destacada figura que es Bonald también fuera de nuestras fronteras, con el entendimiento con artistas hispanoamericanos a lo largo de las décadas. Lo calificó entonces como un "referente del rigor literario", con la fuerte impronta de los clásicos. Ahí, claro, está Cervantes.

Felipe definió a Caballero Bonald como "un navegante solitario, resistente a las modas y las actitudes gregarias, frente a las cuales ha mantenido un constante desafío de infractor". "En sus textos -añadió- la palabra se huele, se toca, se saborea, pero sobre todo vemos cómo se abre a significaciones cada vez más ricas". No olvidó el Príncipe de Asturias destacar cómo esta escritura suya "rica y deslumbrante" está además articulada por una conciencia ética, de manera que sus inquietudes políticas le alinearon con los jóvenes poetas de la generación del 50. "Una lucidez -dijo- y una valentía que dan como fruto una defensa sincera y comprometida de la libertad creadora. Hay en él un lúcido que no da lecciones. Un capitán varado a voluntad propia, a quien la inmortalidad le parece engorrosa, y al que este premio le va a estropear algo sus planes". "En cambio -concluyó- le impulsará a surcar nuevos mares en busca de una tierra que, por más justa, será también más habitada y hermosa".

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