La otra nave del misterio

Fiel a sí mismo, o sea, siempre al rescate del cine de género más posibilista en una industria con tendencia a las fórmulas televisivas, el canario Elio Quiroga, autor de dos rarezas, Fotos y La hora fría, a mitad de camino entre la serie B y el ridículo, reincide en el cine de terror de tintes paranormales con una trama que, a priori, resultaba atractiva. Se trataba aquí, sobre el papel, de mezclar la Historia de la España franquista y clerical vía NO-DO, con los moldes del género en su versión 2.0, a saber, mirando de reojo al cine americano y explotando la fórmula de éxitos recientes como Los otros o El orfanato, con su casa con fantasmas y su mujer con visiones y trauma a cuestas (aquí Ana Torrent).

Así, este NO-DO propone un argumento atractivo -se especula con la existencia de un NO-DO paralelo que, durante los años 40 y 50, se encargaba de investigar casos paranormales, milagros y demás sucesos de trasfondo místico- que pronto se viene al traste merced a una estética sobredimensionada y efectista (mucho rayado de imagen, mucho ruido de fondo) y también a un considerable galimatías narrativo plagado de trampas y requiebros que no hacen sino repetir hasta la saciedad las dos ideas originales del planteamiento.

Como ya es costumbre, Quiroga se las apaña para sacar petróleo de la precariedad y dejar alguna que otra muestra de su talento para la composición del plano o para los movimientos de cámara con voluntad de sugestión. Sin embargo, sus esfuerzos no bastan para que, entre actores sin papel y muy fuera de tono y un guión tan ingenuo como previsible, su película nos acabe recordando demasiado a las entrañables chapuzas dramatizadas del inefable programa de misterio Cuarto Milenio de Iker Jiménez.

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