La multipremiada película 'Lloverá sobre Conakry' se presenta en Tarifa

  • El filme del guineano Cheick Fantamady Camara entra en competición avalado por once galardones anteriores · Mama Kéïta llega al FCAT para defender su largometraje 'La sonrisa de la serpiente'

El Festival de Cine Africano de Tarifa abrió ayer semana con la proyección de la película guineana Lloverá sobre Conakry, que compite en la sección oficial El sueño africano avalada por once premios anteriores y que mañana se estrenará en París, donde residen los protagonistas del filme y su director, Cheick Fantamady Camara, que debuta en el largometraje con este trabajo. Tella Kpomahou, intérprete principal femenina, se pasó por el FCAT para defender la cinta.

La primera secuencia de Llovera sobre Conakry muestra a Kpomahou desnuda. "La mayoría de la gente que ha visto la película en África no es capaz de superar esa primera escena", señaló la actriz, que reconoció que rodarla le representó "un conflicto". "He recibido comentarios tachándola de pornográfica. La hice porque creo que aporta a la historia".

Que un filme arranque desafiando un tabú habla de su personalidad y el trabajo de Camara lo tiene. Además, el director, también autor del guión, adopta un tono de tragicomedia que es uno de los grandes aciertos de la película. Camara aborda la religión, de cómo ésta se filtra en la política y viceversa y la manera en la que la nueva generación se resiste de de forma silenciosa pero firme a vivir tamizada por el marcaje de una sociedad en la que no se siente reflejada.

Lloverá sobre Conakry aún no se ha podido ver en Guinea por cuestiones logísticas, explicó Kpomahou. Cuando sea posible su director "está dispuesto a asumir las consecuencias", añadió. El filme se volverá a proyectar este viernes y vendrá a Tarifa para analizarlo el cineasta guineano, que aprendió el oficio en Burkina Faso.

En el desarrollo de la cinta los roles femeninos adquieren una marcada relevancia, ellas que son las primeras en someterse a dictados que coartan su libertad. "Tendemos a pensar -reveló Kpomahou- que la mujer en África quiere ser rebelde. La mujer africana toma decisiones importantes, pero en la intimidad y la película lo muestra".

Otro cineasta que presentó ayer trabajo en Tarifa fue el senegalés Mama Kéïta, que aportó, también en el espacio El sueño africano, La sonrisa de la serpiente, filme en el que juega con la intriga. "África tiene el cine más despreciado. Es una grandeza y una pesadilla hacer una película con 20 veces menos de lo normal", aseguró.

La jornada en la competición de largometrajes se completó con las argelinas La casa amarilla, de Amor Hakkar y premiada en Locarno y Valencia, y Delicia Paloma, de Nadir Moknéche. A concurso también entraron en acción los cortos Día y noche, de Islam El Azzazi, y El chico de Kibera, de Nathan Collet, y los documentales Un lugar llamado patria, de Tamer Ezzat, y Víctimas de nuestras riquezas, de Kal Touré. El filme de Touré, natural de Mali, ofrece testimonios de africanos repatriados sobre sus tentativas de pasar la frontera hacia Ceuta y Melilla.

El festival además puso en marcha las mesas redondas de sus jornadas profesionales y el programa Espacio escuela. Mientras tanto, en las calles del centro se mezclaban marineros, cineastas y turistas despistados.

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