Los muertos hablan

  • Los estudios antropológicos, el carbono 14 y análisis de ADN de los enterramientos descubiertos en la mayor necrópolis islámica de Algeciras permitirán la interpretación de los restos

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La escena parece de Poltergeist, pero no es terror ni un campo abonado de fenómenos inexplicables. En el solar sobre el que se edificará el futuro gran centro documental de Algeciras han aparecido decenas y decenas de tumbas, enterramientos que pertenecen a la que fue la mayor necrópolis islámica de la ciudad medieval. Caravelas emergen de la tierra y esqueletos completos se alinean en la parcela anexa a la Escuela de Arte. Por el momento se han descubierto alrededor de un centenar de individuos. Los restos, in situ, son objeto de estudios antropológicos completos. Serán conservados y, con posterioridad, se les practicará la datación del carbono 14 y un análisis de ADN. El objetivo es obtener información para tomar la fotografía de hace unos 800 años. Los muertos hablan y no es parapsicología.

La dirección de la excavación corresponde a la empresa de San Fernando Aula 3. A esta firma pertenecen los antropólogos Mercedes Ferrando y Gonzalo Castro, que trabajan sobre el terreno. Al tiempo, se extrae de los restos una serie de muestras sobre las que después el departamento municipal de arqueología realizará las analíticas de ADN y el carbono 14.

"Antes de exhumar los restos, se toman los datos antropológicos del individuo: sexo, edad, talla y también algunas patologías que se puedan detectar. Si estos análisis se practican in situ se obtiene más información. Luego, con el carbono 14 se concreta la cronología y los estudios de ADN nos permitirán saber por qué los individuos están concentrados en determinadas áreas del cementerio", instruye Rafael Jiménez-Camino, arqueólogo municipal de Algeciras.

Se trata de la necrópolis que se situaba junto a la puerta de Gibraltar, localizada en una de las esquinas superiores del actual parque de las ruinas meriníes. Su cronología es de 200 años, entre la mitad del siglo XII y la mitad del XIV. Los elementos cerámicos que han aparecido se encuentran entre la época almohade y la nazarí. El cementerio se descubrió cuando se realizaron los cimientos del edificio Blas Infante. Entonces se excavaron un millar de tumbas. Ahora el proyecto de la biblioteca central de Algeciras ha permitido la intervención arqueológica en otra de las parcelas que formó parte de la necrópolis.

"Una de las novedades de la excavación es que algunas tumbas están marcadas en la cabeza y en los pies con un conjunto de conchas. Son de playa, como las que vemos actualmente, pero nos llama la atención que se han transportado. Se trata de una terraza que está 20 metros sobre el nivel del mar, por lo que se han traído de algún lado", explica Jiménez-Camino. Tras la investigación de este tipo de elementos encontrados en excavaciones anteriores, se considera que el uso de las conchas podría ser ritual. Se va a proceder a un tercer grupo de análisis para tratar de averiguar de dónde proceden las halladas ahora.

Los otros objetos descubiertos, también delimitadores de tumbas, son estelas, de piedra y cerámica. Se han localizado las mismas cuyas reproducciones ofrece el Centro de Interpretación de la Cultura Andalusí, que suelen ser cerámicas. "Es una de las cosas más representativas del mundo islámico en Algeciras. Es un tipo de estela que es parecida a la que hay en el mundo nazarí, pero tiene algunas características propias, y es uno de los indicadores culturales; gracias a ese tipo de estelas sabemos que estamos en época nazarí o meriní", apunta el arqueólogo municipal.

Por otra parte, la excavación ha arrojado una observación inesperada para los investigadores. "Teníamos la hipótesis de que, cuanto más lejos de la puerta de Gibraltar, menos intensidad de enterramientos había. Nos ha sorprendido que sigue una alta concentración, aunque todavía es pronto para sacar conclusiones", señala Jiménez-Camino.

Existen diferentes fases en el solar sobre el que se trabaja, de unos 2.000 metros cuadrados. Hay dos grandes periodos y dentro de cada uno cinco o seis subfases, un enterramiento debajo de otro. En realidad es complejo precisar cuánto se ha excavado y cuánto resta. También, por lo tanto, cuándo puede concluir la actuación.

Casi todas las tumbas son fosas simples, con el cadáver enterrado en decúbito supino mirando a la Meca. Tras la exhumación el equipo antropólogo elabora alguna información extra y se procede al correcto embalaje de los restos. Quedarán depositados en el museo municipal, a la espera de las analíticas posteriores.

"Los esqueletos se preservan siempre para futuros estudios. Si aparece algo musealizable, como una mezquita funeraria, por ejemplo, se puede cambiar el planteamiento de la conservación", aclara el arqueólogo municipal.

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