La memoria taurina del aficionado invade de recuerdos las jornadas

  • Los participantes de la cuarta mesa redonda ahondan en su pasado para buscar el origen de su afición al mundo de los toros y de cómo éste despierta una sensibilidad diferente a otras disciplinas artísticas

La memoria del aficionado a los toros está llena de recuerdos y vivencias que se reviven cada vez que se presencia una corrida de toros. Esta puede se r alguna de las conclusiones que se pueden sacar de la tertulia que tuvo lugar ayer dentro del ciclo de las jornadas taurinas. Una terna de escritores de lujo formada por Almudena Grandes, Carlos Marzal, Luis Landero, Antonio Lucas y Juan Bonilla, acompañados del maestro Víctor Mendes y bajo la moderación del periodista David Casas.

Todos los componentes de la mesa redonda apelaron a los recuerdos del pasado para buscar el origen de su afición, a un mundo en el que el torero crea una obra de arte ante un animal indómito. Para Luis Landero el toreo es belleza y horror que al mismo tiempo inspira un miedo y una admiración profunda. "El toreo es algo misterioso donde un detalle vale más que una faena rutinaria. Algo que aprendí cuando mi padre me llevaba a los toros, a ese imaginario mundo del toro que vivía desde pequeño" apuntó.

El matador de toros Víctor Mendes destacó que añora las tertulias taurinas y el saber escuchar bien de toros. "Hay que hacer memoria para recordar las buenas tertulias, en torno a una figura del toreo en la que uno sólo escuchaba y miraba con afán de aprender. Antes existía un protocolo de respeto que ahora no lo hay, algo que te engrandecía como torero y como persona" indicó.

Para la escritora Almudena Grandes el origen de su afición a la Fiesta comenzó cuando su padre la llevó por primera vez a los toros. "Mi memoria taurina es mi padre, él me hizo aficionada a los toros y aprendí que un buen aficionado siempre ve algo, un detalle, un momento, aunque la corrida sea aburrida" apuntó. Pero la escritora madrileña fue más allá cuando destacó que con los años se ha convertido en una aficionada más torerista y más sensible. "Después de muchos años viendo toros cada día me doy más cuenta de lo que significa estar delante de un toro. He perdido esa intransigencia y ese radicalismo bobo de mis comienzos como aficionada" confesó Grandes.

Luego vinieron las intervenciones del resto de componentes de la mesa, una terna de escritores jóvenes pero con una memoria repleta de recuerdos recientes del mundo del toro. Carlos Marzal aseguró que la memoria del aficionado se enriquece de las añoranzas y el entusiasmo de la obra del torero. "El arte del toreo es un arte en marcha, móvil y un momento después todo es pasado. El recuerdo de una faena no es lo mismo cuando intentamos recrear el acontecimiento vivido" añadió el escritor.

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