Hasta luego, Lucas

Adaptación de la novela Un tranvía en SP, del escritor vasco Unai Elorriaga, Un poco de chocolate nos cuenta la historia -una historia sencilla, pequeña, intimista, entrañable, poética, mágica, como prefieran- de Lucas, un simpático anciano (Héctor Alterio, himself) que, en sus días crepusculares, tocado por la enfermedad y una memoria difusa, recuerda tiempos mejores y pasea por su bonito pueblo costero en compañía de su hermana (Julieta Serrano) y de un joven acordeonista (Daniel Brühl) que ha decidido instalarse en sus vidas huyendo de la suya propia.

En palabras de su director, el debutante Aitzol Aramaio, Un poco de chocolate pretende "contar una historia sobre personas, sentimientos y emociones y hablar de una actitud hacia la vida". Habremos de suponer que todo eso se encuentra en las páginas de la novela original, ya que en su película lo que quedan son estampas más bien anodinas y planas de una lírica que roza la cursilería y un realismo mágico que, por no repetir lo mismo, choca de frente con una muy prosaica y rutinaria puesta en escena. El supuesto espíritu metafórico de la película se da así de bruces contra la tosquedad formal de sus imágenes, con la poca consistencia de sus personajes, con la caprichosa y muy confiada manera de convertir el azar en motor y espíritu de cada escena. Y es que no basta con colocar un sendero de velas para llevarnos al amor más puro.

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