La entrevista

"Al lector hay que ofrecerle una lectura fluida; para poner trabas, ya está la vida"

  • El autor de 'El alquimista impaciente', que le valió el Premio Nadal en 2000, regresa a las librerías con 'El blog del inquisidor', una aventura histórica ambientada en internet y con la Inquisición como telón de fondo

Después de El derecho en la obra de Kafka, Lorenzo Silva (Madrid, 1966) regresa a su registro más popular, la novela, con El blog del inquisidor (Destino), una trama detectivesca en torno a la búsqueda a través de internet de un personaje misterioso vinculado con el episodio real de la muerte de una monja a cargo del Santo Oficio en el siglo XVII. Mientras se ocupa de la promoción de este libro, trabaja en la novela que supondrá el regreso de los agentes Bevilacqua y Chamorro, a los que ha dedicado ya cinco volúmenes.

-Lo que más llama la atención de El blog del inquisidor es la estructura completa, trenzada a partir de distintas voces. ¿Le costó mucho hilar la narración de esta manera?

-Es el libro para el que más tiempo he trabajado. En cada novela hay tres fases; la inicial, que consiste en construir la historia en la cabeza, la idea por la que merece la pena perder dos o tres años de tu vida y en la que hay que trabajar mucho; luego está la construcción que haces de esa historia, con un desarrollo determinado; y por último viene la escritura, en la que intentas afinar todo eso de una forma concreta. En El blog del inquisidor, lo más difícil ha sido encontrar la estructura y darle forma, porque no sigue en modo alguno una continuidad lineal, sino que más bien se parece a un puzzle o un collage. Hay un referente concreto, que son los blogs, a los que quería mantenerme fiel y a la vez hacer literatura. Este recurso me ha permitido poner varias voces en juego en el mismo plano, aunque estén separadas por el tiempo y el espacio.

-Hay cierta inspiración del Borges de La biblioteca de Babel.

-La biblioteca de Babel que soñó Borges existe, es internet. Ya la hemos inventado. Sirve para cualquier objetivo, bueno o malo. La posibilidad de disponer de toda la información que quieras y de organizarla como mejor te convenga, a pesar de todo el caos que puede llegar a ser la Red, es una realidad cercana a la que imaginó Borges.

-Y, sin embargo, internet no tiene todavía el aprecio de muchos escritores de gran influencia.

-Sí, como si fuera algo antitético con la literatura. Es cierto que internet puede colisionar con algunas prácticas de lectura y escritura, debido a un problema fundamental de tiempo, que en Occidente ha perdido todo su sentido. Pero, por lo demás, internet es una red de palabras, está construida sobre la palabra: tiene una estructura física pero también una estructura lógica que es verbal. Internet es una reescritura de la realidad, con unas argamasas y ladrillos que son palabras. Además, la literatura siempre ha aspirado a dar cuenta de la condición humana, y en la actualidad una parte significativa de la vida de muchas personas está vinculada a internet; creo que no se puede dar la espalda a eso.

-¿Adscribiría El blog del inquisidor a la novela histórica?

-Es una novela muy híbrida, de aventuras, de misterio, de muchas cosas. Es muy deudora de La isla misteriosa de Julio Verne, en la que los protagonistas terminan encontrando al capitán Nemo después de una búsqueda muy intensa. Aquí también hay una búsqueda de una verdad oculta a cargo de la protagonista, que quiere buscar a su particular capitán Nemo, un hombre que se esconde. Hay una connotación de novela histórica, pero no convencional, porque este registro sólo afectaría al 10% de la obra, las 40 páginas escritas por una monja condenada en el siglo XVII por la Inquisición que suponen el centro de la novela. A partir de aquí tenía que decidir sobre la verdad o falsedad de este documento, y como me parecía muy difícil acertar al respecto a no ser que lo manipulara todo, decidí no hacerlo y dejarlo en manos del lector.

-¿Está seguro de que acertó?

-He tenido dudas puntuales sobre las decisiones, pero lo que tenía claro es que quería mantener la credibilidad de la monja, su autenticidad como personaje histórico. Todos los demás pasos han partido de este presupuesto.

-¿En qué se ha estrenado como escritor gracias a esta novela?

-Me he estrenado, además de en la estructura, en la importancia conferida a la voz de los personajes. Este aspecto siempre ha tenido mucho peso en mis trabajos, pero aquí lo es todo. Es una novela epistolar del siglo XXI y la primera persona es fundamental. Por lo demás, se repiten algunas claves fundamentales en mi obra, como la situación de los personajes como ejes de la historia y el interés en mantener viva la inquietud del lector hasta el final. Creo que cualquier estructura escogida debe respetar siempre una lectura fluida, aunque sé que hay escritores que no piensan así. Mi intención es hacer pasar al lector un buen rato, para poner trabas y exámenes ya están los maestros y la vida cotidiana.

-¿Qué le apetece hacer ahora?

-Llevaba varios años diciendo a todo el mundo que ya llegaría el momento de escribir una nueva novela de Bevilacqua y Chamorro, que necesitaba hacer otras cosas mientras tanto. Ya las he hecho, he escrito para el cine, para televisión, me he metido en diversas experiencias con sus luces y sus sombras y ya ha llegado el momento. Ambos tienen una edad, han cambiado bastante, y por eso ha supuesto una aventura nueva a pesar de que ya los conozco bastante bien.

-¿Cómo se lleva con ellos?

-Les tengo cariño, me han dado poco la lata. Me gusta mucho la posibilidad que me ofrecen de conocer la realidad a través de sus ojos.

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