¿A quién le interesa Coco sin Chanel?

¿A quién le interesaría Coco si no hubiera existido Chanel? Las biografías que cuentan las vidas de los famosos antes de que lo fueran sólo tienen sentido: a) cuando en la infancia o juventud del personaje se apuntan prematuramente las habilidades o talentos que después les darían fama (lo que suele tender a la hagiografía empalagosa); b) cuando en su infancia y juventud se dan circunstancias que por cualquier razón -cultural, histórica, social- se consideran excepcionales; c) cuando el talento del realizador toma la vida de un personaje en sus inicios como pretexto para elaborar un discurso personal (todo buen retrato es también un autorretrato). El problema de Coco: de la rebeldía a la leyenda de Chanel (absurdo título español del más ajustado original: Coco antes de Chanel) es que: a) fuera de determinación, astucia e inteligencia práctica Coco demostró pocas habilidades especiales antes de que su despegue como diseñadora la convirtiera en Chanel; b) las circunstancias de su vida son las de tantas chicas abandonadas que triunfaban gracias a convertirse en amantes de hombres ricos, por lo que sólo tiene interés si su vida se cuenta entera desde la infancia y juventud de Coco a la madurez de Chanel; c) la realizadora es la más bien sosa Anne Fontaine que debutó prometedoramente con Las historias de amor terminan mal... en general, Limpieza en seco y Agustin para después ir deslizándose hacia una elegante banalidad con pretensiones autoriales, por lo que poco o nada personal puede aportar a la crónica de los años en los que Coco aún no era Chanel (los retratos planos nada dicen sobre el personaje retratado ni sobre su retratista). Ni la vida de Coco antes de ser Chanel da para un largometraje (salvo que lo realzara la personalidad de un gran realizador) ni los talentos de Anne Fontaine (y mucho menos las pálidas habilidades interpretativas de Audrey Tatou) dan para convertir en material interesante lo que de por sí no lo es. Cosas de la vida: esta película de cine que parece de (mediocre) televisión fue batida el mismo fin de semana de su estreno por una miniserie de (buena) televisión que resultó ser más cinematográfica que la estrenada en las salas. Además de contar con la presencia veterana, nunca vieja, de la grandísima Shirley MacLaine interpretando a la Chanel.

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