"El humor es un instrumento de supervivencia en la vida"

Eduardo Mendicutti (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1948) trabaja ahora en su próxima obra, una novela que define como "muy gaditana". Será un homenaje al lenguaje andaluz.

-Una de las cosas que la crítica destaca de su obra es cómo se adentra en el universo de lo marginal. ¿Qué le atrae de estos personajes?

-Hay dos cosas fundamentales: por un lado, el tema de la identidad, que yo creo que es básico en casi todas las novelas que he escrito: alguien quiere ser algo y pelea por serlo. Por otro, una cuestión expresiva, que es el lenguaje. El lenguaje en muchos de esos casos de personajes que viven conflictos, que viven en la marginación, en una situación de anormalidad, para ellos, por lo menos para los travestis o para un tipo de homosexual con mucha pluma, para entendernos, ese lenguaje y esa creatividad es algo más que una manera de parecer gracioso.

-Y el humor siempre planeando por su narrativa...

-El humor juega un papel exactamente igual al de ese lenguaje. En muchas ocasiones es un lenguaje aparentemente divertido. Es que el humor admite muchos grados: puede ser blanco, negrísimo, sarcástico, irónico... Los registros y posibilidades del humor son muchos. En cualquier caso, el humor es un instrumento de supervivencia no sólo en la literatura, sino en la vida.

-Curiosamente uno de los tópicos que se pueden hallar en la forma de concebir la literatura es que una buena novela para ser buena debe ser seria o trágica.

-Sí, sobre todo en las novelas contemporáneas. Eso ocurre también en cine: una comedia puede ser muy divertida, pero es mucho menos valorada que un drama, que es al que le dan el Oscar o los premios de Cannes. El sufrimiento está muy prestigiado, no sé si debe a la educación judeocristiana que predica que sufrir es bueno y pasarlo bien es peligroso para la moral, para el futuro y la vida eterna. En esas obras cargadas de humor éste es una especie de lastre para el prestigio académico, aunque no tanto para los lectores.

-Algunas de sus novelas se han llevado al cine. ¿Ha temido alguna vez el resultado?

-No, porque no tengo ningún problema en que profanen la novela ni en que la traicionen. Yo pongo ese material a disposición del director y él hace lo que quiere. Una adaptación es el producto de la lectura de alguien.

-¿Qué le aburre de la literatura actual?

-No me aburre casi nada, excepto las novelas que parecen hechas sobre plantillas, con la trama muy estudiada, de forma que repiten la fórmula de una determinada visión y lenguaje para tener el éxito.

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