Todos eran sus hijos

Guitarra: Gerardo Núñez, Juan Carlos Romero, José María Bandera, José María Gallardo del Rey, Dani de Morón, Antonio Sánchez. Percusión: Israel Suárez 'El Piraña'. Palmas: Antonio y Manuel Montes Saavedra 'Los Mellis'. Idea y guión: Fernando González-Caballos. Dirección artística: José Luis Ortiz Nuevo. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Miércoles 25 de febrero. Aforo: Lleno.

Lo de Gerardo Núñez es sorprendente, casi increíble. Aunque las músicas que interpretó ayer tienen 15 años permanecen intactas. Suenan igual de frescas que cuando nacieron y resultan más contemporáneas que algunas de las que se crean hoy. La seña de identidad de este guitarrista es un fenómeno curioso en que, en la misma línea melódica, en el mismo acorde, resulta absolutamente vital, lúdico, entusiasta y también profundamente melancólico. Creo que su música suena aún más optimista, aún más melancólica, hoy.

Todos son hijos de un mismo padre artístico y sin embargo suenan personales, únicos. Se ha elegido a un ramillete de artistas, entre cientos, miles, en el que cada uno tiene un sonido inconfundible: ¿procede el ensimismamiento intelectual, nervioso, visceral de Dani de Morón de la misma raíz que el ensimismamiento naif, entrañable, luminoso, de Juan Carlos Romero? Todos sonaron personales incluso al hacer la música del maestro, del referente. Quienes lo siguieron de más cerca, naturalmente, fueron sus sobrinos y miembros de su banda José María Bandera y Antonio Sánchez. Pero si este último es vital y entusiasta con el tema más reconocible de una de las piezas más reconocibles, entusiastas y vitales de Paco de Lucía, como Almoraima, Bandera resulta oscuro, cerebral, reticente, íntimo, casi autista en la colombiana Monasterio de sal, otra de las piezas hiperversionadas del tocaor de Algeciras. Incluso José María Gallardo del Rey trató de sonar a Paco de Lucía, buscó la forma paquera de hacer el adagio del Concierto de Aranjuez.

El final del concierto fue una evocación del supertrío con un supersexteto en el que, de nuevo, y en el mismo orden de aparición, cada uno desgranó su falseta distinta, su color pastueño o enérgico, nervioso o plácido. Incluido, ¿como no?, El Piraña, pues todos los cajonistas son, también, hijos del de Lucía, como saben.

Hacía mucho tiempo, demasiado, que Gerardo Núñez y Juan Carlos Romero, dos de los más grandes guitarristas del flamenco contemporáneo, no tocaban en Sevilla. Y ello subraya el sentimiento de orfandad de la sonanta jonda contemporánea. Ya no hay un músico flamenco con el tirón público de Paco de Lucía. Y sus hijos tienen que buscarse las habichuelas, como tantos otros, en la emigración.

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