Los hijos adoptivos de Judd Apatow

Sin que su nombre aparezca por ningún lado en los créditos de esta comedia de colegas, no es difícil reconocer en ella la impronta del productor, director y guionista Judd Apatow. Escrita y protagonizada por Paul Rudd, secundario de lujo en Virgen a los cuarenta y Lío embarazoso, Mal ejemplo reúne a un elenco de rostros habituales de la factoría Apatow para expandir su incorrecta comicidad adolescente y agitarla con las peculiaridades de uno de sus hijos adoptivos. Ésa y no otra es la marca de la casa, de Paso de ti, con Jason Segel al frente, a Zohan, licencia para peinar, para lucimiento de Adam Sandler.

Junto a Rudd, Mal ejemplo convoca también al popular Sean William Scott (American Pie), que parodia su papel de machito adicto al sexo, y a memorables secundarios cómicos como Jane Lynch, habitual de Christopher Guest (Very important perros) y ardiente jefa de planta en Virgen a los cuarenta, Christopher Mintz-Plasse, el impagable McLovin de Supersalidos, o Ken Jeong, ginecólogo asiático de Lío embarazoso, aquí como líder de un secta de frikis de las fantasías medievales.

La coralidad, el contraste y la tipología excéntrica de los personajes son las principales bazas de una comedia que juega en el límite de la incorrección y el mal gusto para proclamar, una vez más, esa filosofía de los eternos peterpanes reacios a madurar tan cara a la comedia made in Apatow.

La lástima es que, como casi siempre, la locura singular acabe por ser domesticada por la trama, que apunta irremediablemente hacia el happy end de cada oveja con su pareja y viva la diferencia, por más que la traca final nos regale una batalla de espadas de plástico con nuestra pandilla disfrazada de miembros del inefable grupo Kiss.

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