El hallazgo del arte prehistórico en el extremo sur cumple un centenario

  • El 17 de abril se fecha la primera visita de carácter científico al Tajo de las Figuras El linense Victorio Molina comunica el descubrimiento

En abril de 1913 se empezó a forjar el centenario que ahora se celebra. Apareció el arte rupestre en el sur, o más bien, se destapó lo que llevaba años dormido. En este mes se cumple el primer centenario del descubrimiento del arte prehistórico en el extremo sur de España, de su origen cognitivo para la ciencia y la sociedad de lo que supone uno de los conjuntos monumentales más ricos y enigmáticos del patrimonio cultural mundial.

Son más de 250 los emplazamientos con pinturas y grabados pertenecientes a diversos estilos y épocas de la prehistoria, desde el Paleolítico Superior a la Protohistoria, que albergan las sierras inmediatas al Estrecho.

La Asociación Gaditana de Estudio para la Defensa del Patrimonio Arqueológico (Agedpa) , el Instituto de Estudios Campogibraltareños (IECG) y la asociación La Trocha quieren recordar esta efeméride, pero no sólo por lo que representó sino por la figura linense que comunicó este hallazgo y es casi desconocido en su tierra hoy día: Victorio Molina.

El inicio tuvo lugar en 1913 cuando José Encina comentó la existencia de unas extrañas pinturas en un abrigo rocoso del Tajo de las Figuras a su amigo Rafael Bernal. Este segundo consideró oportuno comunicar el asunto a Molina, correspondiente de la Real Academia de Historia, organizándose la primera visita con carácter científico del primer abrigo conocido entonces con arte rupestre del ciclo esquemático de la zona.

La inspección se realizó el 17 de abril. En ella Molina no pudo realizar fotografías pues le resultó imposible subir hasta el abrigo con pinturas su aparatosa máquina fotográfica. De modo que se contentó con una foto general del conjunto del abrigo, con los "expedicionarios" ante el mismo. Sí, no obstante, pudo realizar dibujos de algunas pinturas, que reflejan ciertos elementos con realismo y dan idea de la naturaleza y su difícil interpretación.

El grupo de investigadores explica que Molina no era especialista en arte Prehistórico, su mundo era más bien el de las inscripciones latinas, pero sus observaciones sobre las pinturas fueron prudentes y delataban su correcto bagaje cultural.

En este caso, cumpliendo con su deber inmediatamente envió a la Real Academia de la Historia un informe, firmado el 28 de abril de 1913, que fue publicado como artículo en el Boletín de la Real Academia en julio de 1913, con el título Arqueología y prehistoria de la provincia de Cádiz en Lebrija y Medina Sidonia.

Esta publicación es de gran valor, al ser la primera y abrir la que ya va siendo extensa bibliografía sobre el arte prehistórico del extremo sur. Fue eficaz y sus resultados inmediatos, pues con toda rapidez, los directores de la Real Academia y de la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas encomendaron las investigaciones a dos famosos especialistas: Eduardo Hernández Pacheco y Juan Cabré, que visitaron el Tajo de las Figuras a primero de julio y publicaron un avance de sus trabajos ese año.

Aunque hoy día pueda resultar un personaje popular de La Línea desconocido, Victorio Molina y Pastoriza fue un erudito sacerdote, gran orador, escritor y eficiente investigador, que fue vocal del patronato del Museo de Cádiz, entre otros cargos. Desde el grupo de investigadores actuales constatan "con tristeza el casi olvido en que ha caído su figura, pese a haber sido nombrado Hijo Predilecto de su ciudad natal. Ojalá sirva este centenario para rescatar a esta y otras figuras injustamente tratadas por la memoria colectiva".

Los miembros de Agedpa, Antonio Ruiz y Carlos de Avellaneda, recuerdan que la "primera vez" que se mencionó el "arte prehistórico" en Europa fue en Andalucía. En cuanto a la cronología general de las manifestaciones rupestres, la primera referencia bibliográfica es de 1783 cuando el Cura de Montoro en Ciudad Real advierte de inscripciones "fenicias o púnicas", lo que hoy se conoce como arte esquemático. En 1868 Manuel de Góngora con Antigüedades Prehistóricas de Andalucía ofreció la primera referencia a una cueva con arte rupestre -Los Letreros en Almería-; en 1879 se dio el paso a Marcelino Santurola con las pinturas de Altamira, aunque su reconocimiento no llegó hasta 1901.

En los inicios del siglo XX aparece la figura de Breuil, el padre de la sistematización, añade rigor científico. Y en este contexto aparece la comunicación de Molina en 1913; aunque un año antes el Coronel Vernet -destinado en el Campo de Gibraltar- pone en conocimiento por carta a Breuil de la gran cantidad de cavidades en este zona con arte rupestre. Sin embargo, en 1914 nació, tras un avance publicado anteriormente por Pacheco y Cabré, la publicación más científica acerca del estudio de las pinturas prehistóricas del extremo sur.

Entre 1914 y 1919 estuvo Breuil realizando campañas de prospecciones por la zona, publicando en 1929 Road Painting, "es la referencia, la Biblia del arte científico", aunque entonces hablaba de 76 cuevas solamente y ya se valora la existencia de alrededor de 260 en la franja sur.

Tras el cambio generacional y el periodo de guerras resurge el interés por el arte rupestre, aunque queda más en manos de aficionados. En los años 60 destaca Lucas Millán, que no deja constancia escrita pero si fotográfica; luego aparece V. Topper, que encuentra nuevas cuevas y edita un libro en 1988.

Lothar Bergmann tuvo su auge en los años 90. La diferencia que aportó radicó en que dejó atrás el calco por la digitalización, fue pionero a nivel nacional en el uso de esta técnica. Además fue vital en la divulgación, sintió preocupación a su vez por la conservación y protección, "en la puesta en valor del arte rupestre". En 1914 con el hallazgo de la Cueva del Moro marcó un hito, al ser un yacimiento con arte paleolítico al aire libre, lo cual hasta entonces se había puesta en cuestión.

Agedpa tomó el testigo, motivado por un colectivo social preocupado por el abandono de este patrimonio. Sus descubrimientos aparecen en la revista Almoraima. De los 260 actuales, 80 han sido localizados en los últimos ocho años. Actualmente ejercen gran presión social a las administraciones para la protección de los abrigos rupestres, haciendo una labor de estudio y defensa. Ninguno puede visitarse ni está adatado.

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