Seis guitarras para la historia

Una cosa está muy clara, la guitarra de Jerez goza y vive el mejor momento de su historia, ya no sólo por calidad, sino también por cantidad. Seis guitarras, seis sonidos, seis personalidades, seis carreras distintas que ayer se dieron la mano para homenajear al genio de Algeciras, Paco de Lucía, en el primer aniversario de su muerte. Con un teatro a rebosar, la guitarra acaparó esta vez el protagonismo en el Festival de Jerez con un espectáculo extraordinario, quizás excesivamente largo, pero que dejó instantes inolvidables.

Manuel Valencia, Santiago Lara, José Quevedo 'Bolita', Alfredo Lagos, Juan Diego y Gerardo Núñez no pudieron honrar de mejor manera al maestro que elevando a los altares su música y ofreciendo una exhibición de técnica y creatividad máxima.

De uno en uno fueron aparecieron por el escenario del Villamarta, mientras que por momentos se emitían fragmentos del documental 'La Búsqueda'. Fue uno de los más jóvenes, Manuel Valencia, el encargado de abrir plaza. Una luz cenital iluminaba al reciente ganador del Giraldillo que eligió la soleá 'Gloria al Niño Ricardo' para romper el hielo, y unas alegrías propias para continuarlo. Fiel a su estilo natural, Manuel tiró de técnica y ese compás innato que lleva en la sangre finalizando las alegrías con un picado vertiginoso que levantó los aplausos del teatro.

"Un guitarrista debe tocar su propia música", recuerda Paco en el documental tras hablar con Sabicas. Y en su propia música se apoyó Santiago Lara, que interpretó, con esa solvencia que le caracteriza, la granaína 'La cueva del sonido', incluida en su último disco, Sentimientos nuevos. Previamente, Santi, con camisa blanca y corbata, recordó al " mayor genio que ha dado el flamenco", dijo, con la bulería Río de miel, otra muestra más de su potente pulsación y su demoledor trémolo.

La tercera guitarra en aparecer tampoco se parece en nada a las dos anteriores. José Quevedo 'Bolita' es un buscador de sonidos, un maestro del misterio y que matiza y juega con los silencios con la misma solvencia que rasguea o pica con su mano derecha. Como Manuel y Santi recurrió a un tema propio, 'Casa Quevedo', y otro de Paco, 'Percusión flamenca', que ejecutó con enorme sutileza.

Sin tiempo para digerir lo vivido, se produjo uno de los grandes momentos de la noche, Ziryab. Alfredo Lagos, Santiago Lara y Bolita sacaron a relucir su talento desbordante que fluyó por Villamarta como una auténtica cascada de sonidos. Cambios de tonos, contratiempos, coordinación, técnica, todo sonó de maravilla levantando al público de sus asientos. Lástima que en plena efervescencia guitarrística se tomase la decisión, a nivel organizativo, de introducir el baile de El Barullo, que a decir verdad, lo único que hizo (y no por el bailaor ni mucho menos) fue destrozar el éxtasis sonoro que se estaba viviendo.

El Barullo, vestido con la estética que debe defender un bailaor, se entregó en cuerpo y alma, primero por seguiriyas y un rato después por soleá por bulería, en ambas ocasiones arropado por el cante David Carpio y Miguel Lavi, que desgraciadamente tuvieron que lidiar con un sonido de microfonía inferior al resto. Aún así, los dos demostraron una vez más su valentía y capacidad cantaora.

Tras el baile, de nuevo el toque. Esta vez Alfredo Lagos. Su sonido es muy flamenco y su dominio del mástil, incontestable. La taranta Tío Sabas nos redescubrió al mejor Paco de Lucía, un sonido que contrarrestó con los tanguillos Piñata, una creación personal y con mucha fuerza rítmica.

Pero si hay una guitarra que tiene un sonido distinto esa es la de Juan Diego. Ya toque en el Villamarta, en un bareto o en la Sala Compañía, el jerezano parece haber descubierto el secreto de sonoridad y cada nota que desprende su sonanta irradia limpieza, como demostró en la seguiriya 'El musgo' y en el 'Romance por Paco'.

El estallido definitivo llevaba nombre y apellido, Gerardo Núñez. Gerardo tomó el mando de la escena por completo y tanto en Canícula como en Templo del Lucero, dos de sus temas más conocidos, desplegó en su máxima dimensión ese pulgar generoso, ese alzapúa ezpeluznante y ese sabor propio que lo hacen diferente.

El fin de fiesta por bulería, qué mejor manera en Jerez, sirvió para reunirlos a todos, un rato en el que hubo tiempo de recordar clásicas falsetas del maestro, con creaciones propias y hasta para cerrar con la histórica variación de Niño Jero. Casi ná.

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