El guionista y la soledad urbana

Avalada por Guillermo del Toro, esta coproducción hispano-mejicana viene a sumarse a la tendencia de cierto cine latinoamericano a seguir muy de cerca los dictados, el tono y la estética de títulos como Amores perros y su querencia por las historias cruzadas y los personajes abatidos por la pena o la soledad en el caos de la gran ciudad.

Fiel a la fórmula, tanto que se diría que, por momentos, la cinta parece un calco de la primera película de Arriaga y González Iñárritu, Cosas insignificantes practica la falsa modestia de su título para trazar un pretencioso mapa humano de buenas intenciones y personajes a la deriva bajo el cielo plomizo de la ciudad de México.

Así, una adolescente con jaquecas aficionada a coleccionar objetos curiosos, un psicólogo infantil solitario y taciturno que ansía recuperar el contacto con su hija, un médico apesadumbrado, su novia, una fotógrafa de prestigio, y la madre del hijo enfermo de éste, protagonizan este enredo sentimentaloide que grita a voces su condición de mecano lírico sobre el desamparo en tiempos de incomunicación y vacío.

Si el modelo dramático y la estructura narrativa caprichosa (el guión lo es todo) son de sobra conocidos y previsibles, no lo son menos unas formas demasiado timoratas y funcionales que, esta vez sí, distan mucho del arrojo y la soltura naturalista de la película a la que copia.

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