La genética del virtuosismo

  • La joven Regina Laza, de sólo 13 años, se ha convertido en la música de más proyección de Algeciras. Es la tatara-tataranieta del que fue único hermano del insigne violinista algecireño Regino Martínez

Habrá que concluir que ciertos y selectos genes viajan por el tiempo sin manifestarse hasta que un buen día deciden asomar de nuevo. Por ejemplo, más de un siglo después. La joven violinista Regina Laza, de 13 años, es seguramente la música con más proyección de Algeciras. Esta semana ha participado en el Festival Internacional de la Fundación Vladimir Spivakov, en Moscú. A él sólo acudieron 42 promesas de todo el mundo y Regina fue la única representante de España. Toda la ciudad empieza a conocerla quizá sin saber que lo hace mientras pasea por la calle cuyo nombre inmortaliza a su más famoso antepasado, Regino Martínez, insigne violinista algecireño. Regino y Regina, la genética del virtuosismo. La elección del nombre de ella hasta pareció predestinarla.

Regina es, como se prefiera, descendiente directa de quinta generación o tatara-tataranieta de Ángel Martínez, el único hermano de Regino, quien murió en 1901 a los 55 años sin hijos. El maestro Pablo Sarasate llamó a Regino Martínez maestro desde que el algecireño, en 1881, compartió con él concierto y sólo pudo leer la partitura a la hora de comenzar. "La ovación que el público tributó aquella noche fue inmensa", relató en 1901 el semanario independiente La Revista. "Fue un músico de amplio reconocimiento en su época", recalca Pedro Pérez-Blanco, tío abuelo de Regina Laza. Regino Martínez es, en fin, uno de los músicos más importantes de la prolífica historia de Algeciras en este arte. Nació el 4 de febrero de 1845 en el número 31 de la calle que hoy lleva su nombre, que todos llaman calle Ancha.

Regino Martínez ingresó muy joven en la academia del maestro Francisco Cañizares. Desde el primer momento el violín fue su instrumento predilecto. El joven Regino realizó tales increíbles progresos que en muy pocos años completó todas las asignaturas que le ofrecía la academia. Su familia decidió enviarlo a Madrid, a perfeccionarse en el Conservatorio de Música y Declamación.

En la capital de España el algecireño sólo estuvo un año, a las órdenes de Jesús Monasterio y como integrante de la orquesta del Teatro Real. A su regreso a Algeciras Martínez fundó, junto a otros jóvenes aficionados al arte y ya destacados personajes locales, la sociedad cultural Juventud Algecireña, de la que fue vicepresidente.

Juventud Algecireña inauguró sus actividades el 7 de abril de 1870. Cuenta La Revista que en los salones del colectivo "los socios, al solo anuncio de que Regino iba a tomar parte en la fiesta, se vieron asediados por las jóvenes para conseguir un billete". "Las inspiradas notas de Beriots brotaron de su instrumento, brillantes, puras y sonoras como perlas desprendidas del collar de una hermosa".

Poco después de su triunfal vuelta, en enero de 1871, Regino Martínez, camino de los 26 años, trasladó su residencia a Málaga, donde fue nombrado socio facultativo y profesor de violín del Real Conservatorio de María Cristina. En ese lugar alcanzó sus mayores logros y de su cátedra salieron profesores tan notables como Soto, Luis Alonso, González o Palomares. El Liceo de Málaga le confirió el título de profesor de violín y, en 1873, el Círculo Mercantil le hizo socio de mérito.

Fue en el Liceo de Málaga, aquel 1881, donde coincidió en ese famoso concierto con Pablo Sarasate. El maestro reclamó al algecireño de entre bastidores para que también él participara, con todo derecho, de los aplausos con los que estaba siendo tributado.

En 1883, con 38 años, el algecireño fue nombrado socio de mérito del Liceo Brigantino de La Coruña. Regino Martínez también dirigió la compañía de ópera de Enrique Tamberlick. Disuelta ésta, regresó a Algeciras, que ya no volvería a abandonar y donde pasó más o menos sus 20 años finales.

En su tierra Regino Martínez ofreció sus últimas actuaciones, como un concierto benéfico en el Teatro Principal, justo enfrente de su casa, y en el que intervinieron artistas como Miguel Martín y pianistas como Ángela Campuzano, Antonia Saavedra, Victoria Gras, Teodora Rodríguez o Gertrudis Maurelle.

Valentín Saenz Laguna escribió sobre Regino Martínez poco después de su muerte: "Músico de inteligencia y de corazón, amó su arte, lo sentía y lo hacía sentir a los demás. Por eso escuchó tantos aplausos durante su carrera, porque poseía el raro don de interesar y conmover".

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