"La foto la registra la cámara, pero se hace en la cabeza"

  • El autor de iconos de la fotografía como el desnudo de Marisol, el Che Guevara en Madrid o Brigitte Bardot tirando de un burro, hace un recorrido por su trayectoria fotográfica profesional y personal

Cuando escribí sobre la exposición de César Lucas (Cantiveros, Ávila-1941) en el Palacio de la Diputación, en octubre, ocurrió algo que me sorprendió. Esa noche, ya tarde, sonó mi móvil con un número desconocido, y al otro lado de la línea estaba César Lucas. Me felicitaba por mi artículo, pero yo no salía de mi asombro que alguien, que es historia viva de la fotografía en España, que fue el primer editor gráfico de El País y que había realizado iconos de la fotografía como la foto del Che en Madrid, Brigitte Bardot tirando de un burro o el desnudo de Marisol, hubiera leído un artículo de un periódico local y tenía el detalle de ponerse en contacto con su autor para darle las gracias. Charlamos un buen rato y quedó en llamarme cuando viniera por Cádiz para conocernos. Y cumplió su palabra. Una lluviosa mañana de sábado desayunamos juntos. Él quería ver su exposición, camuflado, como un visitante más, para ver la reacción de la gente. Me pidió por ello que no avisase a nadie. Y ese fue nuestro pacto. Éste es el testimonio, en una gris mañana de sábado, sobre su visión de la fotografía, el transcurrir del tiempo y de la vida.

Alejado ya de la primera línea y de vuelta de tantas cosas, de análisis desmitificador y curtido en mil batallas, César Lucas rezuma vitalidad con cierta dosis de añoranza de una profesión vivida intensa y apasionadamente. La mirada de César es aguda, penetrante, como la de un halcón que acecha a su presa, analizando escrupulosamente sus movimientos y sus intenciones, para adivinar el momento preciso en el que debe detener el tiempo, en el que debe..., congelar el instante.

-Permítame que empiece confesándole algo: envidio sus ojos. ¿Con qué se quedaría de cuanto han visto?

-Con todo... Tú no le puedes preguntar a un padre que cuál de sus hijos es el preferido. Me gusta todo, y todo se debe a trabajo, a tiempo, a esfuerzo... es muy difícil aislar una obra de otra. Para mí todo tiene el mismo valor, el mismo aprecio.

-¿Hay algo que le gustaría fotografiar y aún le quede por hacerlo?

-¡Puff...! Muchísimas cosas. Lo que pasa es que ya... ya no estoy en activo como estaba antes, y ya no tengo digamos el acceso a una serie de canales de información que antes tenía, ni a unos medios que antes tenía. A mí me gusta mucho la gente y lo que me gusta fotografiar es la gente, me gusta descubrir culturas diferentes, me gusta... ver cosas y estar... Veo muchas cosas que no me importaría estar cubriendo ahora. Todo el movimiento social que ahora se produce. A mí me gustaría estar cubriéndolo en la calle. Me fijo mucho y veo las fotos que hacen mis compañeros, algunas estupendas, y otras probablemente estupendas que nunca se publicarán porque los medios no le dan ninguna importancia.

-El periodismo debe ser objetivo. ¿Hasta qué punto el fotógrafo puede ser protagonista de la noticia?

-El fotógrafo no debe ser protagonista de la noticia. El fotógrafo debe ser testigo de la noticia; objetivo creo que no hay nadie, porque no se puede ser objetivo. Lo que se debe ser es honesto, o sea, no cambiar la realidad, no falsificarla, no desfigurar la realidad. Eso es honestidad, ahora, objetivo no puede ser.

-Usted es uno de los fotógrafos que dignificaron la profesión de fotoperiodista, colaborando al protagonismo de la fotografía en un periódico. ¿Cuánto ha llovido desde entonces, dónde estamos ahora?

-Ahora yo creo que no se puede hacer nada, pero lo peor de todo es que creo que no vamos a volver a vivir las cosas que hemos vivido. Yo he sido testigo de la parte más privilegiada de la prensa española, porque cuando empiezo, a mediados de los 50, no te digo lo que era aquello. Cuando empieza la transición y aparecen de pronto periódicos nuevos, publicaciones nuevas, que parece que se ve la luz al final del túnel; esa fue una situación de privilegio. Esa situación yo creo que no la vamos a volver a vivir porque luego ha surgido en los medios de comunicación algo que entonces soñábamos y ni se nos hubiera pasado por la imaginación, están las páginas web, la red, toda la transformación tecnológica que ha producido eso en la información. Con lo cual es posible que muchos periódicos estrella dejen de existir. Existe otro medio que no digo que sea peor, digo que es diferente.

-En todas las fotografías, o al menos en las buenas, suele haber algo del propio autor. ¿Qué hay de usted mismo en fotos como la de Luis Miguel Dominguín y el Cordobés, el Che Guevara o el desnudo de Marisol?

-Pues... (ríe). Es curioso... Yo no sabría decir lo que hay de mí, porque... Lo único que hay de mí es que yo era, estaba siendo testigo en ese momento de lo que yo tenía delante, es decir, habría de mí si yo lo hubiera preparado. Todas esas fotos responderían a algo mío porque yo las he planeado, las he fabricado o las he creado. Las imágenes no las he creado yo, las he registrado, es decir, cuando yo hago la foto de Luis Miguel y el Cordobés estoy con ellos en una cacería, me he tomado las mismas copas que ellos, y hemos disfrutado de lo mismo ese día. Pues esa escena que se está produciendo para mí vista hoy tiene un significado, y es que son como las dos Españas: Luis Miguel representa un poquito el señorío, la nobleza, o sea, la clase alta, y el Cordobés representa un poquito el pueblo, la miseria, la pobreza. Yo creo que en esa foto está representado, pero eso no lo he inventado yo, ni lo he creado yo, eso estaba ahí y ahora.

-Pero usted lo ha sabido captar...

-Sí, pero... Ese es un análisis que yo hago ahora con el tiempo. No hay ese análisis en el momento en que disparé. Por ejemplo, en lo del desnudo de Marisol, lo primero que he puesto han sido los nervios. Disparar ante una imagen que tenía delante y que sí que lo había yo preparado en cuanto a ponte así, esta luz, y ahora qué hago, pues no sé, coge esta flor, la flor que está ahí, ponte así, ya está, pum. Es una foto que para la gente que no conoce a Marisol es muy difícil determinar de qué época es, porque no tiene ningún elemento ni ningún tipo de estética que la sitúe en una época. Es una foto que puede estar hecha hace un mes o hace diez años.

-Sin embargo, fue un icono de la transición.

-Sí. Pero todo eso, curiosamente, es el tiempo el que lo pone en su sitio. Esa foto hoy tiene más importancia que cuando esa foto se hizo. Pero, sin embargo, hay fotos que en su momento tuvieron una gran importancia pero que el tiempo las ha enterrado definitivamente y tú ahora las enseñas, las sacas... El tiempo es el que produce todo ese tipo de reacciones en las fotos pero es verdad que, cuando estás haciendo esa foto no piensas que estés haciendo una foto que va a tener un determinado valor o relevancia en el futuro. No, estoy haciendo una foto porque con esa foto tengo que cubrir mañana una información en mi periódico. Y además intento, a ser posible, que sea la mejor que publicarán los periódicos mañana.

-O sea, el fotógrafo busca el momento, no piensa en el tiempo.

-Claro. Luego es el tiempo el que va produciendo ese tipo de cosas, y está anulando fotos que el tiempo ha anulado o está rescatando, revalorizando fotos que... Pero que eso no depende de ti, depende de cómo ha evolucionado el mundo cultural, la historia, la sensibilidad, la sociedad. Es el tiempo el que revaloriza o anula las fotos, a veces injustamente.

-Sobre la foto de El Che, comentaba Pablo Juliá (director del Centro Andaluz de Fotografía) que se han hecho muchas interpretaciones pero que usted en ese momento no le estaba dando ninguna de ellas.

-¡Claro, claro! Es que cuando esa foto se hace, el Che no era ni conocido prácticamente. La prueba es que nosotros andábamos por la Gran Vía, íbamos como turistas por la calle, nadie lo conocía. Es a partir del año 60-61, y ya cuando lo matan, el Che automáticamente explota, se convierte en una imagen, en un icono que estuvo decorando con pósters las habitaciones de una generación... y las camisetas... A partir de ese momento, el Che se convierte en algo más, en un personaje histórico, en otra cosa. Esa foto en su momento no se vio porque no llegó a publicarse; esa foto aparece por primera vez en al año 96, en una exposición que se llamaba 'Las fuentes de la memoria'. Aparece esa foto, la gente se queda flipada y me dicen: "¿pero esto cómo, esto quién lo ha hecho, esto está en Madrid el Che, pero esto no se qué...?". Y a partir de ahí empiezan a decirme cosas: que yo iba de la mano del Che, que el Che y yo no se qué, que no se cuánto. Un crítico de arte dijo: ¿que cómo siendo yo tan joven se me había ocurrido, había tenido esa inteligencia para "deconstruir" a un personaje histórico?, que a los grandes hombres se les fotografiaba de abajo hacia arriba para hacerlos grandes, y yo lo había hecho de arriba a abajo, como para empequeñecerlo. Y yo cuando leía aquello, luego le expliqué : "no, no, si yo no lo he hecho por eso, lo he hecho de arriba a abajo para que se viera el Arco del Triunfo y que se viera que estaba en Madrid, ese era el único objetivo".

-¿Era el año 59 ó 60?

-Claro, la primera salida que hacía el Che como miembro del Gobierno.

-Usted ha fotografiado a grandes actores y actrices de Hollywood. ¿En el cine es oro todo lo que reluce?

-Como en la fotografía hay sombras y luces, por supuesto. En todos los sitios hay sombras y luces. Lo que pasa es que a veces las sombras se... Depende qué tipo de medios, hay medios que se enzarzan con las sombras y hay medio que lo que quieren son el resplandor de las luces. Pero en todos los sitios hay sombras y luces y en el cine también, claro. El cine es una maraña de cosas tremendas, lo que pasa es que, afortunadamente, lo que vemos es la fantasía. Vemos el dorado, vemos la fantasía, vemos que todo es fantástico pero detrás hay hachazos, puñaladas, trabajos, esfuerzos, traiciones y todo tipo de cosas. Pero, bueno, es un mundo fascinante por otro lado. Un mundo que nos ha llenado de ilusiones a toda la gente que nos gusta el cine. Soy amante del cine y veo todo lo que puedo, pero es verdad que lo he vivido de cerca, lo he vivido ahí en la cocina. Y en la cocina se ven muchas cosas…

-Tiene que haber sido muy duro el trabajo de fotografiar a las mujeres más guapas de España.

-Sí, sí, sí… (categóricamente), lo ha sido… Tenía colas de gente que se me estaban ofreciendo todos los días para ser ayudantes. Pero cuando empecé a hacerlo, el tema en España no es que estuviera bien visto, era algo así un poquito como... Es más, había gente que directamente le indignaba que estuvieras haciendo eso, que era pervertir; en fin, muchas cosas, en aquellos momentos. ¡Hombre! no es lo mismo estar haciendo esto que estar haciendo fotos a la gente que están matando en Siria, eso está bien claro. Y no es lo mismo eso que otro tipo de trabajos. Pero, en definitiva, ese es un trabajo que requiere esfuerzo, que requiere concentración y que requiere preparación y que requiere muchas cosas si quieres hacer un trabajo realmente como tú quieres que sea ese trabajo. Si no lo haces mejor es porque no tienes más capacidad, porque tu cabeza, tu sensibilidad no pueden dar más de sí. No porque te hayas quedado a la mitad y dices: "bueno, esto que lo tenemos que hacer en cinco horas lo hacemos en dos, total con que se te vean las tetas, arreglado". No es ése el tema, el tema era hacer un trabajo que tuviera otro calado diferente.

-¿Cuándo un desnudo es arte?

-Pues no lo sé. Es muy difícil la definición del arte. A veces incluso me quedo descolocado cuando veo un tipo de fotografías definidas y consideradas por los expertos (que los expertos son la gente del arte, los comerciantes del arte, el galerismo y todo el mercado del arte que es quien pone la etiqueta) como una obra de arte y pienso que, o mi ojo no está preparado para esto o alguien me está engañando. Es muy difícil la definición. Al final tú lo que ves, ves una escultura, ves un cuadro, oyes una música o ves una fotografía que te emociona, entonces para mí es una obra de arte.

-Hoy, al mirar atrás y ver una trayectoria como la suya, que es historia de la fotografía de este país. ¿Qué siente?

-Satisfacción. Satisfacción y orgullo. Y... pena de haberlo tenido que dejar. Porque cuando el trabajo, como en este caso, supone una pasión y algo más que trabajo... Pues entonces cuando eso se corta y se dice: "bueno, ya está, aquí se ha acabado, ahora ya te tienes que marchar a tu casa y tal...". ¡Joder! es como si te hubieran quitado algo que valoras mucho. Y entonces se produce un parón fuerte. Por lo demás, pensar eso a mí me llena de satisfacción. Pienso que el esfuerzo mereció la pena y el trabajo mereció la pena. Prefiero que me consideren así, que me traten así, que no tenga que andar por la calle escondiéndome porque me quieren matar a hostias todo el mundo. O sea, que por ese aspecto muy bien. Hacer amigos y conocer a tanta gente y tantas cosas es un patrimonio que ya no te lo puede quitar nadie ni nada.

-¿Cambiaría algo de esa trayectoria si pudiera?

-Volvería a empezar otra vez y, quizá, evitar cometer errores que he cometido, intentar hacer algunas cosas mejor que he hecho mal, intentar... Si pudiera volver a empezar podría corregir muchas cosas y podría... Lo que pasa que hay cosas que, aunque las quieras corregir, ya son irrepetibles.

-¿Qué enseñanzas le transmitiría usted a quienes sienten la fotografía?

-¡Puff…! Pues que pongan pasión. Que lo hagan con ilusión, con el interés de que cuando luego ellos vean esas fotos piensen que era la foto que ellos querían hacer, que ha salido ahí lo que ellos tenían en su momento en esa foto que se produce en tu cabeza antes de disparar. Y que piensen que la cámara no pasa de ser un mero instrumento, que las fotos no las hace la cámara, la foto la registra la cámara, pero se hace en tu cabeza.

(Mientras charlábamos, un niño pequeño rubio con un chubasquero verde y un enorme paraguas a juego, pululaba por la acera, corriendo de sus padres. Parecía un gran champiñón con patas. César me hace un gesto y me dice: "¡Mira qué foto!". Y es que la mirada del fotógrafo nunca se jubila… ).

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