Arquitectura

La faz y el envés

  • El concurso para la nueva sede de la Consejería de Obras Públicas plantea un nuevo modelo de edificio institucional

Organizar y espacializar la actividad laboral de casi 1500 personas en contacto directo con la ciudadanía no siempre es tarea fácil. Dejarlo al abrigo de una organización espacial y funcional, pactada en la mayoría de los casos por quienes gestionan los diversos servicios allí encontrados respondiendo a intereses, influencias u organigramas básicos de relación, ha venido siendo la práctica habitual para la arquitectura de este pasado siglo. Para ello, los arquitectos se han servido de una instrumentación técnica que de mano de tipologías al uso y modelos ya ensayados, de la apuesta por una imagen institucional o del guiño vanidoso de una autoría -tan funcional a la clientela como al programa de necesidades a cubrir- que se atisbaba en algún espacio representativo, parecían ser capaces de colmar las voluntades y aspiraciones tanto de interesados como arquitectos. Nos valía sólo con el oficio y el reconocimiento institucional.

Hoy, además, y con una mayor incidencia posiblemente, estas grandes instalaciones son consideradas y reivindicadas por los usuarios -permanentes y ocasionales- como ámbitos de vida, de encuentro y participación ciudadana, en continuidad con otros espacios y lugares que la ciudad se ve obligada a habilitar.

Es la opción de la propuesta ganadora del concurso de ideas que la oficina SV60, de la mano de Antonio González Cordón, hace para la nueva sede de la Consejería de Obras Públicas y Transportes en el borde del centro histórico sevillano, buscando adaptarse a las circunstancias contemporáneas y que está pronta a ejecutarse.

En contraste con la imagen compacta y unitaria que ofrece hacia el sur, el edificio plantea el diseño de un espacio atmosférico, de un ambiente que se extiende por el entorno en el que se inscribe, entre la antigua estación de FFCC de San Bernardo y la aún singular y presencial -hasta que la pantalla de don Rafael Moneo la oculte a la mirada urbana- estación de autobuses del Prado de San Sebastián. Una atmósfera, decimos, que a partir de la revisión de elementos tradicionales -fachada, patio, plaza, filtro, luz o la dimensión pública de sus espacios- extraídos del imaginario de la ciudad y optimizados para lograr las mejores condiciones medioambientales, va a recrear un lugar para el encuentro ciudadano.

Se significa su cara norte, entonces, con el excepcional vestíbulo y su presencia -interiorizada, desdibujada y rota- al viejo barrio de la estación, ofreciéndose como un frente, que no fachada, de volúmenes suspendidos, desgajados o apoyados unos sobre otros. Allí se enfatiza la posición relativa en la que cada actividad tiene lugar en ese espacio fluido, ágil y hasta sorprendente de la función administrativa que genera la obra pública y el transporte, hoy día, en nuestra comunidad.

Si el proyecto basa uno de sus argumentos en esta búsqueda de un espacio singular en continuidad con la ciudad, a través del hall principal (iluminado cenitalmente y con grandes huecos laterales) y la gran plaza cubierta de transición, apenas separados por un muro cortina, será el tratamiento de la piel del edificio, un filtro de relación entre el exterior y el interior, quien venga a culminar la imagen que ofrece a la ciudad.

Esta piel, partícipe en sus siete plantas de la modulación dimensional que racionaliza toda la planta (módulos de 1,2 por 1,2 metros) y proponiendo huecos de distintos tamaños y profundidades según su orientación y disponibilidad de vistas sobre la ciudad histórica, se arma con una composición de huecos que busca, con la disposición de los mismos, un intercambio de escalas urbanas para que según el punto de vista pueda parecer el edificio mayor o menor.

Dos estrategias que, superpuestas a la organización funcional, van a dar como resultado una sede administrativa abierta a la ciudad donde ensayar otros encuentros entre Administración y administrados, y que se distancia conceptualmente de otras no tan lejanas temporal y espacialmente representaciones de edificio-ciudadela, con foso incluido.

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