"La espera es lo que da sentido a nuestra vida y a la literatura"

  • El autor de 'Exploradores del abismo' y 'Bartleby y compañía' avanza su particular teoría de la novela del siglo XXI antes de inaugurar en la Feria del Libro de Sevilla un ciclo sobre las letras mediterráneas

Muchos de los seguidores de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) están tan enfermos de literatura, tan letraheridos, como los protagonistas de su novela El mal de Montano. "Encontrarme con la secta desparramada de mis lectores, que no son muchos, es una de las ventajas que le veo a las Ferias del Libro", asegura -con una humildad que casi resulta excéntrica- uno de los escritores españoles más traducidos (van ya 29 lenguas) y leídos en el extranjero.

La obra de Vila-Matas acaba de ampliarse con la publicación de un conjunto de sus artículos titulado El viento ligero en Parma, editado por la mexicana Sexto Piso. "Me gusta este sello, que está introduciéndose ahora en España. Por varios motivos: el sexto piso en México es sinónimo de suicidio y también lo es el oficio de editor. Encima, yo vivo en Barcelona en la planta sexta de un edificio".

Y desde esas alturas, este autor que se jacta de viajar muchísimo "por las paredes de mi cráneo" atisba el Mediterráneo. Un mar que, asegura, no tiene un papel central en su obra. "Tal vez porque mi escritura tiene sus fuentes en la propia experiencia literaria, que es universal. Mi obra no está anclada en el Mediterráneo aunque se le presupone integrado de forma natural. Si hubiera nacido en Tahití, sería diferente".

Sin embargo, en muchos de sus libros, como el de artículos En la ciudad nerviosa, la fascinación proviene del océano Atlántico. "Los lugares atlánticos tienen para mí el encanto de la rareza, de lo que no conozco. Son lo oscuro, el revés de la realidad. En ellos siempre encuentro algo diferente, un estímulo para investigar. Las islas Azores o Chile frente al Pacífico... me permiten fabular y atravesar la frontera entre realidad y ficción".

Ese atravesar las puertas y espejos de lo real sin necesidad de regresar de nuevo a este lado es una constante en la obra de Vila-Matas, que se reconoce en la definición que hizo de él su amigo Sergio Pitol cuando dijo que "plantea su obra como una caída, una excursión hacia el fin de la noche". Una literatura poblada por los exploradores del abismo que dan título a su última novela publicada hasta la fecha y con su sello de siempre, Anagrama.

"He tenido mucha suerte con Jorge Herralde porque apostó por mí desde el principio y se arriesgó a editar una obra rara y anticonvencional que, estoy seguro, difícilmente habría visto la luz si comenzara ahora. Creo que a los nuevos escritores se les presiona mucho más en este momento para que sus libros tengan una rentabilidad inmediata", reflexiona.

Este otoño verá la luz un nuevo título suyo, Dietario voluble, suma de textos inéditos y de otros aparecidos en la prensa catalana. Además, está trabajando "en otra novela de la que no voy a decir nada, sólo que está en marcha", asegura este incansable autor que nunca encuentra el momento de decir "Preferiría no hacerlo", como sí sucedía con los personajes de su novela Bartleby y compañía.

Enrique Vila-Matas está muy interesado ahora en la idea de la espera, "donde hay que buscar el sentido de la vida, tal y como aprendí de Julien Gracq, un autor siempre sentado en la gran sala de espera del mundo, en cuyos relatos el tiempo se expande y las expectativas dan paso a nuevas esperas y así sucesivamente".

Por eso -continúa- su itinerario literario está puntuado por escritores "que esperaron", como Kafka, el Beckett de Godot, Duras, Musil, Walser, Kurt Vonnegut, Buzzati, Benet, Magris, Echenoz, el Coetzee de Esperando a los bárbaros y, por supuesto, Gracq.

La lectura de El mar de las Sirtes, "un libro considerado anticuadísimo en su momento y para mí el más moderno de Francia", le ha inspirado a Vila-Matas las seis premisas que debe cumplir la novela contemporánea. El escritor cita la intertextualidad, porque "todo autor debe asumir que lo que escribe ya lo escribió otro posiblemente mejor y que la única innovación reside en dejar nuestro propio estilo y visión del mundo"; la relación con la alta poesía, "como hizo Gracq asumiendo los pilares estéticos y psíquicos de Breton, Nerval y Rimbaud"; la primacía del estilo sobre la trama, "pues la trama, como decía Nabokov, es una simpleza burguesa" y la percepción del futuro, en el sentido de que la literatura puede ser un "espejo que se adelanta, que como algunos relojes tiene la capacidad de avanzarse", según manifiesta.

La nueva novela, añade, también debe comprender la conciencia de un paisaje moral - "ser, como prefiguraba Gracq, el género de la utopía"- y arder "en los fuegos del vanguardismo".

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