El escritor Juan Marsé presenta su novela más autobiográfica

  • 'Caligrafía de los sueños' puede leerse como una "historia de amor"

El escritor barcelonés Juan Marsé ha escrito con Caligrafía de los sueños su novela más autobiográfica, según ha confesado el propio autor, que por primera vez ha tratado su adopción desde un punto de vista literario. Caligrafía de los sueños (Lumen) es la historia de amor de Vicky Mir y el señor Alonso, vista por un joven testigo, Ringo, un chiquillo de quince años que, con el tiempo, acabará dedicándose a la escritura. En la presentación, Marsé ha dicho: "En relación a otras novelas mías, hay un porcentaje bastante elevado de elementos personales que tienen que ver con mi vida".

En esta novela, que le ha ocupado los últimos cuatro años, el Premio Cervantes 2009 habla además de un tema como el de su adopción, que "no había tocado, porque lo consideraba demasiado íntimo". Fueron los "demonios particulares que tiene cada uno" los que le permitieron convertir esos elementos personales en literatura, ha señalado.

La obra puede ser contemplada como una "historia de amor" que, como todas las historias de amor, tiene siempre el mismo objetivo: "la búsqueda de la felicidad y la capacidad de perdón -afirma-, en el sentido más elemental cívico". Percibe Marsé que este último libro es "una síntesis" de todas sus novelas, que aunque "comparten -asegura- la misma época, la escenografía e incluso tipos de personajes, contiene muchos más elementos autobiográficos".

La novela tiene mucho que ver con el determinismo, de cómo una circunstancia determinada, como olvidar entregar una carta de amor, puede determinar la vida del joven que debía entregarla, que en la obra acabará descubriendo su verdadera vocación, la escritura. La presente obra no se puede comparar con Si te dicen que caí, El embrujo de Shanghai o Rabos de lagartija, si bien, insiste, en la última "hay una historia más viva, más en primera persona".

En esa historia más cercana se cuelan, sin que el propio Marsé sepa explicar por qué, "personajes reales" como el pintor Josep Maria de Sucre o Ramon Bartra, el abuelo de un jugador del Barça.

Revela Marsé que nunca escribe sus libros a partir de ideas, sino de "imágenes": "En este caso partió de la imagen de haber visto cuando tenía quince años a una señora no muy agraciada que acompañaba al baño a su hija tampoco agraciada, una imagen que despierta la imaginación del joven que las ve, y así se inicia la novela".

Quizá la novela es "una manera de disculparse" de aquella situación que en realidad tuvo un trasfondo de burla. Su idea inicial era escribir un ajuste de cuentas con el mundo del cine, que, dice, tanto ha maltratado sus novelas con sus versiones: "Cuando comencé a escribir pretendía alternar la historia de amor que sucede en 1948 con otra historia más reciente del mismo personaje, ya convertido en un escritor más o menos reconocido, más bien menos, al que le encargan un primer tratamiento para un guión cinematográfico". Al final, y después de tener varios capítulos escritos, no lo acabó de ver claro, "pues ese encaje no se producía de manera natural". Confiesa que "al tratar sobre historias de amor, el riesgo al sentimentalismo es grande y por eso era un reto no traspasar esa frontera".

Caligrafía de los sueños es la primera novela que Marsé publica desde que le concedieron el Premio Cervantes en 2009, "una pérdida de tiempo desde el punto de vista de la escritura de la novela Por no hablar de lo escribir el discurso que debía leer ante el Rey, que me rompió el ritmo".

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