"La lectura debe ser voluntaria, pero además hay que enseñarla"Una muestra fotográfica presenta en Madrid un repaso íntimo por la vida de García Márquez

  • El autor de 'El alquimista impaciente' participa esta semana en la Escuela de Escritores que se celebra en el Ceulaj de MollinaLa exposición puede visitarse hasta el 29 de agosto en el Centro Hispano-Colombiano

Novelas como La flaqueza del bolchevique y El urinario convierten a Lorenzo Silva (Madrid, 1966) en profesor ideal para una Escuela de Escritores como la que la Junta de Andalucía celebra durante esta semana en el Centro Eurolatinoamericano de la Juventud, en Mollina. Elena Medel, Pablo Aranda y Pablo García Casado también participan en la experiencia.

-Pero, ¿realmente se puede enseñar a narrar o a escribir?

-No es lo mismo una cosa que otra. Todos sabemos narrar, de hecho el hombre es el único animal que cuenta historias. Luego hay técnicas para mejorar esta práctica, para ordenar las ideas y adoptar cierto rigor estético; se puede enseñar algo, pero sólo hasta cierto punto: las decisiones vitales siempre las debe tomar el que cuenta la historia. A escribir, en cambio, sí que se enseña: todos aprendemos a hacerlo cuando somos niños. Otra cosa es que cada uno, cuando escribe, adopte un determinado tono. En esto, un taller como el de Mollina ayuda, pero no adoctrina.

-¿Qué inquietudes predominan entre los escritores futuros?

-Hay de todo. Depende de la experiencia previa y del sentido de cada taller literario. En este caso, todos los participantes han publicado obras y tienen una experiencia contrastada, por lo que sus inquietudes se dirigen especialmente a la distinción de la calidad literaria.

-¿Les propone algunos modelos a partir de determinados autores?

-Sí, siempre salen algunos posibles modelos concretos. Pero considero más importante que quienes aspiran a ser escritores sean a la vez curiosos, que sean ante todo lectores y nunca dejen de ampliar su marco de referencias. Creo que la diversidad de lecturas es imprescindible para cualquier escritor y los adolescentes, especialmente, se muestran dispuestos a percibir y abrazar nuevas influencias.

-¿Comparte con los alumnos sus manías como escritor?

-No, de las manías mejor que no sepan nada. Sí comparto con ellos inquietudes y algunos errores que he cometido en mi carrera como escritor. Espero que les ayude cuando tengan que tomar decisiones.

-¿Asistió a algún taller cuando daba sus primeros pasos?

-No, no soy un buen ejemplo para este tipo de experiencias. Hoy creo que podría haberme resultado útil, pero, claro, en nada determinante para mi definición de escritor. Estas iniciativas tienen la importancia que tienen: para muchos suponen, ante todo, una oportunidad casi única de conocer gente interesada en la literatura.

-Más allá de la Escuela del Ceulaj, ¿podría adelantar algo acerca de su próxima novela?

-Se publicará en otoño, aunque todavía no tengo decidido el título. Será una novela diferente con respecto a todo lo que hecho hasta ahora. No será una narración policiaca ni nada de eso: en ella reflexiono sobre las nuevas formas de las relaciones humanas en la era digital. Algo un tanto imposible.

-El alquimista impaciente apareció publicada recientemente en la colección Austral de Espasa, verdadero fondo de lecturas escolares. ¿Teme que su libro sea obligado para los estudiantes?

-No escribo novelas para que sean leídas a la fuerza. La lectura debe ser siempre un acto voluntario, pero entiendo que también hay que enseñarla en la educación obligatoria. Sólo espero que si alguna vez alguien tiene que leer El alquimista sin más remedio pase del deber al placer . Si no, pido disculpas.

El propio Gabriel García Márquez nos acercó la primera etapa de su vida y obra en Vivir para contarla, una autobiografía que ahora tiene su reflejo y continuación, en forma de fotografías íntimas y cotidianas, sobre las paredes del Centro Hispano-Colombiano de Madrid. El niño de mirada asustada que era portada del libro autobiográfico es uno de los primeros en recibir a los visitantes de una muestra que, a través de cincuenta fotografías, "repasa la infancia de Gabo, su primera juventud, su ingreso en el periodismo en Bogotá, su tránsito por Europa o su vida en México", explicó el consejero de Cultura de la Embajada colombiana, Luis Armando Soto. Y junto al pequeño Gabo, imágenes de sus familiares, de sus amigos o de aquellos que fueron influencia literaria del autor de Cien años de soledad.

"Es una exposición de momentos y de instantes, un conjunto de miradas muy espontáneas sobre la vida de Gabo que no pretende ser exhaustivo o académico", explicó Dasso Saldívar, uno de los biógrafos del escritor colombiano. Saldívar, colombiano pero residente en España desde hace treinta años, es autor de la biografía Viaje a la semilla, traducida a más de diez idiomas y de donde proceden alguna de las fotografías que componen la muestra, que se inauguró ayer y permanecerá abierta al público hasta el 29 de agosto.

Junto a ellas se exhiben imágenes oficiales, instantáneas de familia y otras firmadas por el fotógrafo colombiano Nereo López. Todas transmiten, a través del neutro blanco y negro, ternura y naturalidad, sentimientos, que según coinciden Soto y Saldívar, son posibles gracias a la labor del comisario de la exposición, Santiago Mutis, hijo del escritor Álvaro Mutis y persona muy cercana al Noble. "Es una exposición hecha por un amigo y, por ello, quien se acerque no se encontrará un montaje de gran formato, sino una muestra de gran significado", subrayó Soto.

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