El efecto mariposa

Avalado por las instituciones oficiales del cine europeo y el selecto orbe festivalero como uno de sus nuevos hijos pródigos, ahí están los premios a Contra la pared y el reciente paso de esta película por la sección oficial de Cannes para confirmarlo, el cine del director alemán de origen turco Fatih Akin encarna de manera ejemplar ese aire de los tiempos (blandos) que se disfraza de ficciones de impacto realista y probada eficacia emocional para levantar acta sobre la zozobra de unos personajes enredados en un mundo convulso y globalizado.

Prima hermana de esos títulos que han hecho de las narrativas cruzadas de ida y vuelta su mejor baza para el efectismo y de la aparente pluralidad de voces internas la excusa perfecta para su vocación sociológica, Al otro lado coquetea con esa (falsa) idea del destino y el azar que mueven los hilos del mundo, los encuentros entre pares, los ecos que comunican a las almas gemelas y a las culturas lejanas.

Articulada en bloques perfectamente identificados (que nadie se pierda, que el espectador identifique los guiños, los encuentros, los roces, los ecos…), la película aspira a materializar una suerte de teoría del caos o efecto mariposa que conecte la Alemania de la inmigración y la multiculturalidad con la Turquía de las tradiciones y las libertades coartadas, todo ello a través del hilado grueso de una escritura caprichosa y manipuladora que vacía toda la complejidad de la realidad para acomodarse a una fórmula dramática que desdibuja a los personajes hasta convertirlos en flexibles marionetas para una función con mensaje. Es así que, desprovistas de otra función que no sea la de encajar en el engranaje prediseñado, las criaturas errantes y atribuladas de Al otro lado, una prostituta, un profesor universitario y su padre, una joven activista, su novia y la madre de ésta, poco o nada pueden hacer por evitar su destino trágico, un destino subrayado y empujado por la escritura hasta extremos que provocan un indeseado efecto de distanciamiento cuando de lo que se trataba era, precisamente, de llamar a la comprensión e incluso a la compasión. Para Fatih Akin, la complejidad del mundo queda reducida a un mero esquema atractivo y resultón, a un viaje con GPS por las coordenadas de un planeta de dos velocidades que tan sólo existe dentro de las reglas del juego de las ficciones posmodernas.

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