La diva visita la plantación

  • Barbara Hendricks lleva esta noche al Lope, acompañada por el Magnus Lindgren Quartet, su homenaje a Billie Holiday

Barbara Hendricks, reconocida como una de las más grandes sopranos de nuestro tiempo, interpretará esta noche, en el teatro Lope de Vega, acompañada por el cuarteto de Magnus Lindgren, un repertorio jazzístico compuesto por temas de Billie Holiday (1915-1959). No es la primera vez que Hendricks, quien ha dado vida a numerosas heroínas operísticas y cuenta con una extensa y aplaudida discografía bajo la batuta de maestros como Bernstein, Barenboim o Solti, entre muchos otros, se adentra en territorio jazzístico. Debutó en el mundo del jazz en 1994, en el Festival de Montreal. Nacida en Arkansas pero nacionalizada sueca, actuará hoy acompañada por el cuarteto del saxofonista sueco Magnus Lindgren, completado por el pianista Mathias Algotsson, el contrabajista Fredrik Jonsson y Jonas Holgersson a la batería.

Hasta el momento, Hendricks, Premio Príncipe de Asturias de las Artes, ha rendido tributo a algunos importantes compositores del siglo XX, como Cole Porter, Gershwin o Duke Ellington. Es el turno de Billie Holiday, quien compuso un puñado de muy buenos temas e hizo suyos otros tantos no escritos por ella. Pues, ¿quién podría decir, después de oírla cantar All of me, Solitude o Trav'lin' Light, que dichas canciones no le pertenecen, una vez tocadas por su voz, pura sofisticación y lamento?

El espectáculo lleva por título Billie's Blues and Other Songs of Billie Holiday y se propone como un homenaje a una de las voces del jazz más influyentes e inimitables. Según su propio testimonio, Billie Holiday habría nacido como Eleanora Fagan, en Baltimore, en 1915. De no haber fallecido en 1959, cumpliría noventa y tres años el próximo abril. Pero Billie, a quien su madre llamaba Nora y que era conocida en el Olimpo jazzístico como Lady Day (apodo que acuñó su alter ego, el saxofonista Lester Young), fue una de esas estrellas fugaces destinadas a brillar intensamente y apagarse pronto en la noche del jazz. Será en un burdel de su Baltimore natal donde la niña todavía llamada Eleanora, que trabaja fregando suelos, escuche por primera vez a Louis Armstrong y Bessie Smith, y quede prendada. Su bisabuela había servido en una plantación de Virginia a las órdenes del señorito irlandés Charles Fagan, de quien tuvo 16 hijos bastardos. Y si bien Billie -que llevaría aquel apellido irlandés hasta que adoptara el nombre por el que la conocemos- no sufrió los sinsabores de la esclavitud, sí que se vio condenada a otras servidumbres no menos lacerantes: violada con apenas diez años, ejerció la prostitución antes de saltar al escenario en Nueva York, pasó temporadas en la cárcel y a finales de los años 30 se engancharía, ya hasta su muerte, a la heroína y el alcohol... ¿Quién osaría, pues, imitar esa voz fraguada en la tragedia?

Su voz no podía sino trascender como un símbolo de su país y su época: a caballo entre la sonriente Era del Swing -la música bailable que derrochaba optimismo en el período de entreguerras- y los turbulentos años 40, entre la América sonriente del New Deal y la América racista del sur, donde el padre de Billie halló la muerte en condiciones parecidas a las de Bessie Smith y tantos otros negros que fallecieron sin merecer atención médica a la puerta de un hospital... La carrera de Lady Day daría un vuelco definitivo en 1939, precisamente con la grabación de Strange Fruit, un hito en su carrera, con el que se adelantaba varias décadas a las reivindicaciones antirracistas en EEUU. Sobra explicar que el "extraño fruto" que cuelga, en la canción, del árbol en las tierras del sur es un hombre de color ahorcado. Columbia, su compañía por aquel entonces, no se atrevió a grabar el tema, estrenado en el Café Society del neoyorquino Greenwich Village y grabado finalmente por Commodore. La valiente Billie no sólo se enfrentó así tempranamente a tan espinoso tema, sino que publicó en 1956 sus controvertidas memorias, Lady Sings The Blues, escritas en colaboración con William F. Dufty y que el lector español encontrará publicadas en Tusquets, con el maravilloso retrato de Loredano en la cubierta: los preciosos ojos rasgados, la blanca gardenia prendida al cabello y, en lugar de sus carnosos labios, una cuchilla de afeitar.

Esperamos oír esta noche esas perlas de valor incalculable que son Billie's Blues, God Bless The Child, Fine and Mellow y Don't Explain, lágrimas negras del jazz.

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