El cierre de las tiendas de los museos reabre el debate sobre su gestión

  • La mayoría de los museos inician el curso sin sus negocios especializados y la Junta insta a fomentar la venta por internet · En Sevilla se mantiene la del Bellas Artes pero se abrirá otra sobre flamenco en la Casa Murillo

¿Imaginan la visita al Prado, el Thyssen, el Louvre, la Tate Modern o el Bellas Artes de Bilbao sin echarle un vistazo a la tienda del museo? Parecería una incongruencia o un anacronismo, dado el protagonismo cada vez mayor de estos establecimientos en la oferta cultural de los centros de arte y patrimonio. Sin embargo, en Andalucía, y desde el pasado mes de junio, en el museo fenicio por excelencia, el de Cádiz, el visitante no puede adquirir siquiera una postal de los célebres sarcófagos. Y en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), un referente en la edición de libros sobre la creación actual, no existe ya una zona especializada para la compra y consulta de sus catálogos. Y podríamos seguir por Almería, Córdoba, Granada...

Sin previo aviso ni anuncio oficial -todavía en la web de la Consejería de Cultura constan los datos de muchos de estos espacios- la Junta inició, a principios de verano, el desmantelamiento de la red de tiendas de los museos provinciales, permitiendo continuar a los negocios "más rentables", entre los que incluyó al Bellas Artes de Sevilla, la Alhambra, Medina Azahara y el Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera.

El cerrojazo ha acentuado la imagen de improvisación y abandono en centros, como el Museo de Cádiz o el Arqueológico de Sevilla, en los que urge su modernización y reforma pero se han visto desposeídos de golpe de un atractivo para el visitante. Mientras, en el CAAC, el olor a pintura evidencia que se agilizan las obras para readaptar la tienda como sala de exposiciones temporales.

El cierre de estos puntos de venta se ha llevado a cabo, según fuentes del departamento que dirige Paulino Plata consultadas ayer por este medio, como alternativa al déficit y "para no seguir gravando a los andaluces". Es decir, entre oferta cultural y rentabilidad, se ha optado por lo segundo en un escenario económico tocado por la crisis. La voluntad de la Consejería de Cultura es "priorizar las tiendas que sean rentables y buscar soluciones o alternativas a las que arrojen déficit. Algunas se mantendrán, otros puntos de venta serán temporales -en períodos de gran afluencia de público o con motivo de eventos culturales muy significativos- y otras tiendas se sustituirán por sistemas de comercialización interactivos, aprovechando el potencial de las nuevas tecnologías", defienden.

Si no fuera porque sus propias declaraciones le desdicen, parecería que ha cundido en Paulino Plata el ejemplo del gran empresario español, Amancio Ortega, quien acaba de abrir el canal de venta por internet de Zara. Pero, en paralelo a estas propuestas interactivas, el consejero de Cultura avanzó semanas atrás la apertura de una tienda de productos institucionales en la Casa Murillo, donde la Junta va a reubicar la Agencia para el Desarrollo del Flamenco.

Con la supresión de estos establecimientos, una larga lista que alcanza también al Bellas Artes de Córdoba o la granadina Casa de los Tiros, se finiquita, siete años después, una política de expansión que arrancó en el verano de 2003. Ese año la Consejería de Cultura decidió implantar tiendas en todos los museos gestionados por la Junta, "en respuesta a la demanda de los usuarios y siguiendo los preceptos del Plan de Calidad de los Museos Andaluces", según se adujo entonces, cuando sólo disponían de tiendas el Bellas Artes de Sevilla (desde 1999) y el Museo de Artes y Costumbres Populares (inaugurada en 2000). Así, fueron abriéndose pequeños negocios en los museos y los conjuntos monumentales y arqueológicos, hasta completar una red que integraba a más de 25.

Incluso se realizó un concurso público, ganado por el equipo García de Paredes, para "plasmar las nociones de unidad y modernización a la que debían responder los museos y conjuntos arqueológicos y monumentales". Estas directrices afectaban no sólo a la propia oferta de libros y catálogos sino también a los muebles "de haya" donde se exponían los objetos, las bolsas donde se distribuían y los productos que, como imanes o lapiceros, desarrollaban los referentes icónicos más representativos de cada centro.

La Junta estableció entonces que el control económico de las tiendas y su gestión la llevaría a cabo la Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales, renombrado ahora como Instituto de las Artes. "En nuestro país, esta experiencia supone uno de los pocos casos de gestión propia de un servicio como las tiendas de los museos. Estaremos atentos a los resultados de una evaluación que, según todos los datos previos, serán exitosos", afirmaba con entusiasmo en su número 3, publicado en el año 2004, la revista de las instituciones del Patrimonio Histórico de Andalucía (Musa).

El tiempo dirá si hay improvisación, acierto o dejación en la medida adoptada por Paulino Plata. Mientras, el estupor de los usuarios y la frustración del personal despedido contrastan con la vitalidad que caracteriza a tiendas como la del Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Málaga, que desde sus inicios apostó fuerte también por el comercio digital.

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