"La mezcla de ciencia y fantasía del XIX da pie a una realidad muy entrañable"

  • 'El mapa del tiempo', la novela ganadora del último Ateneo de Sevilla, homenajea a los inicios de la ciencia-ficción en una trama dominada por la fascinación por lo imposible y los viajes temporales

Además de los sueños, que apuntaba el sabio Próspero, el tiempo nos da forma. Indagar en su poética es, en fin último, lo que ha pretendido Félix J. Palma (1968) con el manuscrito ganador del Premio Ateneo de Sevilla. Situada en la Inglaterra de principios del XIX, El mapa del tiempo habla de viajes en torno al reloj en una historia tan amplia que podría dar lugar a una trilogía. El premio de 42.000 euros llega, según Palma, en un momento de "mucha estabilidad" y como "recompensa" a un largo esfuerzo.

-¿Por qué el autor que juega con lo imposible o con la fantasía tiene que estar siempre dando explicaciones?

-Creo que la fantasía siempre ha sido un género bastante excluido de la narrativa general y hoy en día está recluida en la literatura infantil y juvenil. Para hacer fantasía pura tienes que hacerlo escribiendo para adolescentes. Percibo, sin embargo, que las cosas están cambiando, que empieza a calar dentro de la literatura general. Por ejemplo, José Carlos Somoza ha ganado el Torrevieja con una obra de ciencia-ficción, Clara y la penumbra... Mientras premios y editoriales apuesten por novelas fantásticas es que algo empieza a cambiar, que vamos más allá de la novela experimental o costumbrista. Y creo que es un movimiento natural, que tenía que suceder: en el cine fantástico -piensa en las adaptaciones de la Marvel- no tienen ese problema.

-Pero eso sucede aquí: es muy distinto, por ejemplo, en la literatura anglosajona...

-En la literatura anglosajona la fantasía no se limita al espectro juvenil, ni siquiera los clasifican. Si aquí te vas a alguna librería, en ciencia ficción te encuentras editoriales como Minotauro, pero no Anagrama, aunque publique algo que pudiera encuadrarse en ciencia-ficción... Y a mí, me gustaría que esos conceptos se difuminasen como pasa en el resto de países...

-Muchos dirían que empezó con malas cartas: fantasía y relatos...

-Bueno, yo no me considero un cuentista vocacional sino casual. El cuento tiene una cosa muy buena que es la inmediatez de resultados. Si te sale un cuento fallido, has perdido a lo mejor quince días de tu vida, como mucho. Y empecé escribiendo cuentos por razones casi coyunturales. Yo adoro el cuento porque en realidad me parece un género más difícil, con un mayor desafío que la novela, aunque te limita en cuanto a argumento. Por ejemplo, El mapa del tiempo -sin perder de vista los resortes del cuento- es una trama que necesita carrera, espacio… que no hubiera podido tener en un cuento. El relato tampoco te permite crear personajes, tienen que estar muy definidos para que el lector los reconozca al instante, y la trama ha de desarrollarse en unas pocas escenas... Y yo tenía muchas ideas que me apetecía desarrollar, como demuestran esas seiscientas páginas.

-Es muy diferente, por ejemplo de Las corrientes oceánicas...

-Es una ruptura con lo que he escrito anteriormente, en estética y temática: sucede en época victoriana, con personajes ingleses. Ha supuesto un trabajo de documentación muy extenso... No quería que fuera una novela de época en la que el escenario fuera puro cartón piedra. El secundario de lujo es H.G. Wells, padre de la ciencia-ficción. Fue el primero que habló de viajes en el tiempo (mediante mecanismos) o de invasiones extraterrestres. La época decimonónica es muy atractiva paras escribir sobre estas cuestiones: existía una confianza absoluta en el poder de la ciencia, tomó auge el espiritismo y se desarrolló la idea de la cuarta dimensión o la concepción de los autómatas... Se dio una mezcla absoluta de ciencia y fantasía, aunque fueran más anhelos sociales que otra cosa... Parecía más cercana que nunca la puerta a lo imposible. Quizá por eso la he elegido, porque te da pie a una fantasía muy entrañable.

-No sólo aparece H.G. Wells sino también Jack the Ripper, Bram Stocker, El Hombre Elefante... recuerda a una Liga de Hombres Extraordinarios.

-Yo soy un fan absoluto de Alan Moore y esta obra, claro, debe mucho a From Hell. Empieza siendo una novela con muchos personajes y los que mueven la trama son absolutamente ficticios. Y, aunque ahora se lleva mucho la aparición de secundarios históricos, reflejados con tres o cuatro pinceladas, que apareciera Wells era algo casi obligado. Ambos compartimos la misma concepción de la literatura como entretenimiento (su editor le decía, incluso, que escribía demasiado bien para dedicarse a estos temas...) En la novela, plasmo su visión de su vida sentimental, su relación con su segunda mujer e intento comprender por qué escribió La máquina del tiempo y todas sus demás novelas. Se cierra la historia cuando va a empezar La guerra de los mundos...

-Es una obra a varios niveles...

-La novela tiene tres lecturas. Una primera para que enganchara a los que pudieran tener algún prejuicio contra lo fantástico, que se introdujeran en ese universo sin darse cuenta. También sería atractiva para los amantes del género: una especie de compendio de todo lo que se ha escrito sobre viajes en el tiempo pero también de todo lo que se ha hecho en cine… Y, por último, una tercera lectura llena de homenajes constantes, con personajes que son referencias. A uno de los protagonistas, por ejemplo, no le interesa viajar el futuro sino al pasado para impedir el asesinato de su novia a manos del Destripador.

-El tema del viaje temporal abre, claro, un juego infinito.

-El viaje temporal es concebido de muchas formas diferentes: con la excusa del amor, de la venganza o con persecuciones a través del tiempo... Y el pasado, además, genera una serie de paradojas, como la teoría de universos paralelos, que también está muy presente en la novela.

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