Las cartas entre Lorca y Alberti "son cartas paladinas, vacías"

  • Hilario Jiménez documenta en 'La difícil compañía' la relación entre los dos escritores. "No fueron enemigos, nada más y nada menos", según el prologuista García Montero

El profesor de Literatura Hilario Jiménez Gómez, que ha biografiado las relaciones personales y literarias de Lorca y Alberti en La difícil compañía (Renacimiento), ha asegurado a Efe que cuando se entrevistó con Alberti para este trabajo comprobó que "acabó creyéndose sus propias memorias".

"Alberti mentía mucho, pero inconscientemente" y sus memorias, agrupadas bajo el título de La arboleda perdida, "las escribió cincuenta años después de los hechos, y eso un escritor de una gran imaginación como fue él", señaló Jiménez Gómez, quien puso como ejemplo de inexactitud cómo Alberti contaba que conoció a Lorca. Según los relatos memorialísticos del gaditano, Lorca le fue presentado por Gregorio Prieto, pero esto no es posible, según el biógrafo, porque se conserva una carta del propio Alberti a Prieto dándole cuenta de que acaba de ver a Lorca.

"Alberti confundía todo, fechas y lugares", aseguró Jiménez Gómez, quien tras haber dedicado una tesis doctoral y varios años a investigar las relaciones y el epistolario de ambos poetas aseguró que las cartas que se cruzan Lorca y Alberti son "cartas paladinas, como las que se le escriben a un vecino, vacías". "Lorca marcó siempre mucha distancia con Alberti, no le gustó nunca; y Alberti hablaba mal de Lorca a sus amigos, como hace por carta a José María de Cossio o a José María Chacón, cuando le llama 'Federica' o le trata con tremenda fobia, o cuando dice del granadino que es 'una niña que coge aceitunas' y que le ha enseñado mucho de botánica".

Alberti y García Lorca. La difícil compañía es un libro que aborda los doce años en que ambos poetas se conocieron, desde 1924 a 1936, si bien sólo tuvieron posibilidad de coincidir seis años -cuando Lorca no estaba en América, Alberti se encontraba en Europa- y constata que cuando el granadino fue asesinado "llevaban varios meses sin hablarse".

El desencadenante de este alejamiento final fue que Alberti y su esposa, María Teresa León, trataron de forzar a Lorca para que firmara manifiestos comunistas e ingresara en el PCE, a lo que el granadino se negó con rotundidad, lo que originó una agria discusión entre ambos poetas de la que fue testigo Dámaso Alonso, en Madrid.

Jiménez Gómez también habló con Pepín Bello, quien le constató que Alberti y Lorca nunca fueron amigos y quien le aseguró que muchos se apartaban de Lorca por su extremo amaneramiento, una circunstancia que no hacía precisamente feliz al granadino.

El biógrafo de esta "difícil compañía" aseguró que sus horas de charla con Alberti en sus últimos años de vida fueron "una experiencia bonita" pero que le reportaron pocos datos "porque se emocionaba; al hablar de Lorca decía 'lo estoy viendo ahora mismo' o aquello de 'tenían que haberme matado a mí en vez de a él'".

La publicación cuenta con el prólogo del escritor granadino Luis García Montero, quien concluye en él que "Federico García Lorca y Rafael Alberti no fueron enemigos, nada más y nada menos". En este sentido, precisó que "ésta es la conclusión que debe valorarse a la luz de los datos que hoy se disponen, gracias a las noticias biográficas, a los diferentes estudios realizados sobre los epistolarios de la Generación del 27 y al cuidadoso libro de Hilario Jiménez Gómez".

De la obra del escritor extremeño destacó que se trata de un libro "necesario y que ha reunido por primera vez la documentación pertinente, interpretando con admiración, pero con objetividad, las relaciones vitales y literarias de los dos poetas".

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