En carne viva

  • El cuarto disco de Estrella Morente, concebido por su padre, cuenta con colaboraciones de Paco de Lucía y Michael Nyman

Estrella Morente Producido por Enrique Morente. Emi

Morente y amigos: Nyman, Paco de Lucía, Metheny, Alfredo Lagos, Vicente Amigo. El autorretrato incluye un pregón tan neoclásico como ochentero, la ép(o)ica de Michael Nyman. El flamenco juega con todos los estados de ánimo y aunque cada cual va por su lado, la cuerda y la voz, la cosa funciona. Los coros femeninos, infantiles, nos conducen a un paraíso infernal, decadente. El contraste armónico crea una esquizofrenia de sensaciones deliciosa, muy contemporánea. Como el flamenco mismo es y ha sido. Y será.

Uno más uno no son dos si se trata de Paco de Lucía: no llegó a grabar con Enrique por "problemas de agenda" pero aquí pone la voz y la guitarra para Estrella. Es una seguiriya: la pena, el dolor en presente puro, la rabia de no aceptar los hechos consumados, la tragedia. El flamenco tiene partituras para todos los estados del corazón y el de hoy es llaga pura, la herida abierta que supura a cada respiración, a cada latido. Y todo el desgarro de la muerte del ser querido y el deseo de no ser, de desaparecer, de huir de una verdad tan sangrante, inaceptable, con el caramelo de esta garganta prodigiosa. Desgarro y almíbar, cosa rara, aunque no inédita, incluso en lo jondo: la Niña de los Peines, Vallejo... La coda de la seguiriya nos remite, a través de los versos lorquianos de La guitarra, a ese momento insoportable que vivimos en el sepelio de Enrique Morente con su mujer y sus hijos abrazados al féretro. Todos lo vimos, unos en directo otros a través de las imágenes difundidas por internet. Todo es emotivo, intenso, en esta seguiriya y más, dicho está, con la voz de un Paco de Lucía que casi me hace olvidar la guitarra, de tan denso. No es música sino llaga.

Autorretrato es, no podía ser otra cosa, una instantánea de un corazón dolorido, que se rebela contra la realidad cuando ésta se torna insoportable. El corazón dolorido que todos fuimos, o seremos alguna vez. Por eso esta obra es tan necesaria, imprescindible, como única, irrepetible. Metheny deja aquí la eléctrica para convertirse en escudero de la voz dolorida, en una delicada, íntima, canción de amor arpegiada y con orquesta de viento. Una canción de amor que son todas las canciones, todos los amores. Morente no canta con la voz sino con la memoria de un romance de verano que fue el origen de todos nosotros. La prosa es lírica, Juan Ramón lo supo. Hasta en la pena más honda cabe la fiesta, la amalgama por bulerías: Como la corriente para la fiesta nacional y con las melodías ligadas del romance de Las tres cautivas, entre otras. Estrella Morente hace una versión bailable, ketamera, funky, de La Estrella, la canción incluida por Enrique Morente en el disco Despegando (1977), tres años antes del nacimiento de la cantaora. Estrella Morente, que ha cantado millones de veces esta melodía inspirada en Oum Kalsoum, sigue a su padre de la misma manera que Josemi Carmona sigue al suyo, Pepe Habichuela, fiel escudero morentiano en los setenta. Para luego volar, ambos, en solitario en su propio planeta, con sus propias voces, más digeribles en este nuevo mundo "de misiles y de motores". Porque lo de Enrique Morente y Pepe Habichuela fue un exabrupto bellísimo, maravilloso y necesario. Algo de eso hay en la versión de Estrella Morente, dulcificada con todo como digo. Juan de la Cruz, el santo poeta, fue un referente constante en la obra morentina, el inspirador de algunas de sus más bellas melodías. Aquí Estrella Morente firma Tras un amoroso lance y Michael Nyman la melodía neoclásica, mozartiana y sentimental. Épica y entregada, rota a la vida.

Las sevillanas A Lola son una cosa íntima, susurrada, casi bolera, un homenaje a los Flores. Las otras, por el contrario, son unas sevillanas bailables, con melodías y letras tradicionales, en las que Estrella Morente toca las castañuelas.

La canción del Bembón esta inspirada, acaso, en un poema de Nicolás Guillén musicado por Enrique Morente para Negra si tu supieras (1992), disco en el que colaboró por vez primera con Morente el grupo Ketama. Estrella ha compuesto una canción de una languidez, un mediodía caribeño. Y más "world music", más arreglos, más vientos, más contratiempos, más percusiones, más estribillos. Porque los medios son mayores, porque los tiempos son otros y la vocación/ambición global. Una canción digerible, en cierto modo disecada y esterilizada para que no provoque en nadie ni a ninguno. Lo mismo digo del clásico morentiano En un sueño viniste con la guitarra de Amigo. En la misma línea, aunque ya plenamente salsera, basada en una canción popularizada por Celia Cruz, con el bajo cubano de Alain Pérez, Cuba-Cái, con el tres y los vientos caribeños a pleno rendimiento, trabalenguas afro a coro, algunos ketameros y otros tomados del Negra, si tu supieras paterno, del que toma también melodías y versos, y un recuerdo a los maestros Matrona y Aurelio.

La Habanera imposible es la más granaína del más granaíno de los autores e intérpretes, Carlos Cano, en donde atrapó el espíritu contradictorio de su ciudad. Todo el misterio, el ansia insatisfecha, la esperanza, el sueño, la voluntad frustrada, "el agua detenida" lorquiana a ritmo de bulería sentimental con la guitarra de Vicente Amigo. Adagio nos ofrece un último cante de Enrique Morente, un par de soleares sanjuanistas y peteneras.

Una obra intensa, que difícilmente se puede escuchar de una tacada.

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