Ni caballeros, ni espadas

EEUU, 2012, Comedia. 83 min. Dirección: Jay Roach. Intérpretes: Will Ferrell, Zach Galifianakis.

Antecedentes. Jay Roach ha dirigido las películas de Austin Powers, Los padres de ella o Los padres de él. Además de los televisivos, y dicen que apreciables, Recuento, sobre el sospechoso recuento de votos en Florida en las elecciones de 2000, y El juego del cambio, sobre las campañas de John MacCain y Sarah Palin. Está situado así entre la comedia moderadamente gamberra, la comedia convencional y la denuncia del circo de las campañas electorales. Una posición en principio idónea para abordar una comedia ácida y gamberra -pero no demasiado- sobre este ultimo tema.

Antecedentes. Zach Galifianakis es el intérprete de las dos entregas de Resacón en Las Vegas y Salidos de cuentas -las tres dirigidas por Todd Philips, uno de los maestros de la comedia grosera-. Will Ferrell es también un cómico de la hornada grosera, pero con una filmografía más plural en la que abundan los títulos elementales (Aquellas juergas universitarias y sus trabajos con Adam MacKay) pero también algunos inteligentes (Melinda y Melinda, Los productores).

Con esos antecedentes que combinan un artesano de la comedia convencional y dos estrellas de la comedia gamberra era difícil que la cosa saliera bien. La idea de enfrentar un poco escrupuloso y veterano político metido en problemas a otro idealista y sin experiencia, pero apoyado por sinvergüenzas, no es original. Tampoco lo es, sino más bien previsible, que los contrincantes sean republicanos, lo que parece consustancial a la etiqueta de progresista que abusivamente se ha colocado sobre la llamada Nueva Comedia Americana. Derivar la crítica política a la comedia gamberra, en cambio, podría haber sido una idea original que se insertara en la larga tradición de la caricatura política (no pocas veces escatológica). Sin embargo la falta de química entre el director y los intérpretes, más sus carencias de recursos para ir más allá de la parodia elemental, lo malogran.

El resultado padece la tensión no resuelta entre el correcto pero soso oficio comercial de Roach y los universos gamberros de Galifianakis y Ferrell. A lo que habría que añadir una imposible sutura entre la comedia grosera y las fábulas políticas de Capra (En campaña todo vale podría considerarse una variación sobre Caballero sin espada). De esta rara combinación nace una película desequilibrada, a ratos ingeniosa, a ratos elemental, una suma de viñetas de desiguales méritos que al unirse pierden fuelle y al derivar al optimismo capriano naufraga.

El problema no es que la crítica de Capra fuera positiva y optimista y la de la Nueva Comedia Americana (que esta cinta roza por sus actores pero de la que se aleja por su director) sea vitriólica y gamberra. El problema es que Capra era un genio que creía en lo que hacía y Roach un mediocre artesano sin convicciones; y que el universo Galifianakis-Ferrell pertenece al circo televisivo en el que las inocuas gamberradas tipo MTV y la crítica política se parecen demasiado.

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