Una oreja barata para Pepín Liria en su despedida valenciana

  • La tarde resulta veloz en todos los sentidos. Corren los toros, los toreros y el reloj

Una corrida en la que a pesar de notables deficiencias en los toros, éstos aportaron más que los toreros, ayer en la plaza de toros de Valencia, se saldó con una oreja barata a Pepín Liria, reconocimiento a su trayectoria en su última Feria de Fallas. Una tarde veloz en todos los sentidos. Porque corrieron los toros, corrieron los toreros -entiéndase aquí lo de correr como destemplanza-, y corrió el reloj. En apenas dos horas quedó despachada la función. No hay que dar como bueno tanta velocidad, puesto que el toreo, ya se sabe, debe ser fundamentalmente quietud y despaciosidad. Y esto último fue lo que se echó de menos a lo largo de los seis toros.

El matador de toros murciano Pepín Liria saludó una fuerte y cariñosa ovación antes de aparecer su primer toro, ahora que está en temporada de despedida y como reconocimiento a su continuada presencia en esta feria de Fallas de Valencia. Y ya con el toro en la arena su actuación de capote y muleta no pasó de discreta. El cuarto se movió más y salió Liria a lo suyo, desde la larga cambiada en tablas y hasta el descabello final vendiendo el marketing del estilo de arrebato que ha predominado en su carrera.

A Juan Bautista se le nota descentrado por la responsabilidad y las prisas de justificar su presencia ahora prácticamente en todas las ferias. Tampoco Tejela terminó de definirse en la tarde, con un primer toro que aparentemente «se dejó» mucho por el lado derecho. El sexto, el garbanzo negro del encierro, ya fue imposible, manso y paradote.

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