Vieneses con fotos

  • Actes Sud inicia una colección en la que se combinan registros sonoros con álbumes de grandes fotógrafos

La industria fonográfica busca desde hace tiempo fórmulas para reactivar un sector que a veces parece recrearse sólo con el recuento de las pérdidas. A menudo se recurre a la asociación de la música con otras artes, en el intento de ofrecer productos atractivos para un espectro más amplio de aficionados, y así pueden encontrarse colecciones de libros-discos que suelen incluir ensayos más profundos que los habituales comentarios de carpetilla o series que se convierten en auténticos muestrarios de joyas artísticas de muy diferente carácter.

Este tipo de fusiones resulta más habitual cuando la casa editora no se dedica exclusivamente a producir registros sonoros. Es el caso de Actes Sud, que mantiene una línea de ediciones fonográficas en las que acaba de iniciarse una colección que, con el título genérico de Beaux Arts, asocia las grabaciones a la obra de famosos fotógrafos. Los dos primeros títulos de esta serie acaban de ser distribuidos en España por Harmonia Mundi. En uno de ellos, el pianista francés Jean-François Heisser ofrece una selección de la Iberia de Albéniz que se contextualiza en el libro anexo con fotografías de la barcelonesa Isabel Muñoz.

El otro está ocupado por música pianística de Arnold Schoenberg y sus dos más conocidos discípulos de la Segunda Escuela de Viena, que interpreta el brasileño Jean-Louis Steuerman, y cuenta con fotografías de Michael Ackerman y textos (en francés e inglés) de Gérard Condé. El producto resultante, un CD acompañado por un libro de casi ochenta páginas (de las cuales, algo más de la mitad corresponden al álbum fotográfico), resulta manejable, sugerente y bello. La elección del artista gráfico resulta oportuna pues las imágenes inquietantes de Ackerman se ajustan como un guante a la música siempre turbulenta e inasible de los vieneses.

Steuerman ha escogido para empezar la Sonata Op.1 de Alban Berg, puede que la obra pianística más conocida de todo este grupo de compositores, y para cerrar las aforísticas y densas Variaciones Op.27 de Anton Webern. El resto está dedicado a Arnold Schoenberg: las tres Klavierstücke Op.11, las seis pequeñas Klavierstücke Op.19, las cinco Klavierstücke Op.23, la Suite Op.25 y las dos Klavierstücke Op.33a y Op.33b, música que se mueve entre el tardorromanticismo sonatístico de la Op.11, escrita en 1909, y el progresivo radicalismo del dodecafonismo que suponen las Opp.23 y 25, nacidas en los primeros años 20, antes de una especie de vuelta a la claridad tonal (aun manteniendo el uso de la escala de los doce sonidos) que suponen las Op.33a y 33b, último acercamiento del compositor al piano como instrumento solista. Steuerman, conocido por trabajos bachianos (dejó unas apreciables Goldberg en este mismo sello) y los dedicados a su compatriota Heitor Villa-Lobos (que grabó para Naxos), muestra un perfecto entendimiento de una música que parece ganar en viveza, profundidad y matices cuando su escucha se comparte con la visión de esas riquísimas gamas de grises que marcan el trabajo fotográfico de Michael Ackerman.

Jean Louis Steuerman, piano Michael Ackerman, fotografías Musicales Actes Sud (Harmonia Mundi)

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