Torremocha descubre con su nueva obra su historia más autobiográfica

  • El algecireño relata las viviencias de su infancia y juventud al hilo de los acontecimientos de la época entre las décadas de los 50 y 60 Presentará el libro el día 10 en la UNED

Dos años después de su última obra va recuperando la fuerza, poco a poco, para asaltar el mundo de la cultura, tras una pequeña parada personal. El historiador algecireño Antonio Torremocha llevaba todo este tiempo en silencio esbozando una obra que el próximo jueves, 10 de diciembre, presentará en el salón de actos del centro asociado de la UNED en Algeciras, a las 19:30 horas. No es una simple historia, ni siquiera una novela al uso. Este contador de la Historia presentará Algeciras (1950-1960). Recuerdos de infantil y juventud, un viaje a sus vivencias reales hiladas a lo que acontecía en ésta, su localidad, Algeciras.

Es una novela autobiográfica, aunque matiza que su nombre no aparece por ningún sitio. "Todo el mundo sabe que soy yo, pero el personaje se llama Carlos Mejías". A través de los ojos de este personaje, que refleja su misma mirada, cuenta cómo era la Algeciras de los años 50 y 60.

La novela guarda en sí misma un recuerdo emotivo y personal, pues la dedica a sus padres Manuel y Juana y a su difunta esposa Encarni. Esta obra la escribió Torremocha precisamente en las largas horas de espera en la unidad de Hemodiálisis de La Línea, donde su mujer recibía tratamiento tres días a la semana durante cinco horas. Recorría todos esos recuerdos en cada viaje de ida y vuelta durante los últimos dos años.

"Es el libro en el que más a gusto me he encontrado al hacerlo", reconoce el historiador. Ha editado unos 400 ejemplares para esta primera edición y ya se pueden encontrar en las principales librerías de Algeciras.

Antonio Torremocha, licenciado en Historia y profesor de la UNED de Algeciras, recorre en el libro la historia del niño que fue desde que nace hasta el año 69 cuando se va a estudiar Magisterio a Ceuta con 19 años. Quizás en un futuro podría retomar y dar continuidad a la historia pero ahora prefiere esperar unos años más. La vida de Mejías es el eje que utiliza para explicar cómo era la Algeciras de la época, las miserias del año 50, las calles sin asfaltar. Y a partir de los años 60 llega el desarrollo, además habla de sus experiencias positivas y negativas con los Salesianos.

"No hay ninguna invención, no es una novela, la única invención son los pseudónimos". Relata historias vividas por él, por su padre o familiares. Lo que escribe con 3 o 4 años es lo que le contaron en su momento sus familiares, pero a partir de los 7 años son sus propias historias, sus aventuras reales.

Puntualiza Torremocha que en la obra, además de los pseudónimos de él y su padre, hay dos referidos a dos "chavalas" con las que tuvo relación en la época. Destaca además que al final del libro aparece un índice donde todos los personajes reales que son nombrados en la obra pueden buscarse entre las páginas. Son personas con las que se cruzó en las dos décadas que discurren en la obra, dando así más autenticidad a lo escrito.

Como análisis de la obra de Torremocha se destaca el proceso vital de Carlos Mejías en los primeros veinte años de su existencia. Época en la que se hundían sus raíces en pleno franquismo y en las penurias de unos años de aislamiento internacional y escasez; mientras por otro lado se desenvolvía una etapa de desarrollo en todos los órdenes y mejora del nivel de vida, sobretodo en las zonas periféricas de las ciudades como era el barrio algecireño del Río Ancho.

Carestía, calles sin adoquinar carentes de alcantarillado y madronas para el desalojo de aguas residuales, sin red de abastecimiento de agua potable y con un deficiente alumbrado público. Esa era la dura realidad que rodeaba a Mejías. Había inundaciones al llegar cada invierno por el desbordamiento del arroyo del Tiro, leche en polvo y queso americano en la Escuela Nacional, aceite de soja y azúcar a granel en aceiteras de hojalata y papel de estraza, baños en la playa del Chorruelo, las giras domingueras al "boquete de los Bodiones", jugar al "hincote", al "palicache" y la vida al aire libre.

Cuando Mejías ingresó en el colegio Salesiano en 1959 las cosas fueron cambiando a su alrededor. La creación de los planes de desarrollo posibilitó la mejora económica de la población, la edificación de viviendas sociales, el asfaltado de calles y hasta la red de abastecimiento.

La segunda década de la vida de Mejías en nada se parecía a la España triste, gris y precaria de los años previos, cuando su familia dependía del trabajo proporcionado por la colonia inglesa a su padre y del salario extra aportado por la venta del café La Negrita, de la manteca del Pato y de los cuarterones de tabaco Montecristo y Montecarlo.

La vida de Mejías no es más que el hilo conductor de la agitada existencia, con sus luces y sus sombras, de la sociedad algecireña de los años 1950 a 1970.

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