Terna triunfante y gesta de Fermín

  • Bohórquez, Hermoso y Ventura cuajan, ante un potable encierro de murubes de Fuenterrey, una gran tarde en la que la raza del jerezano se impuso a una seria dolencia que le obligó a pasar a la enfermería

Extraordinario espectáculo de rejones con pasajes de arte, audacia y espectacularidad, respectivamente a cargo de Bohórquez, Hermoso y Ventura ante un encierro de Bohórquez que con nobleza, permitió estas tres maneras de interpretar la lidia ecuestre.

Y socarrada, entre bambalinas, la gesta de Fermín Bohórquez de superar la afección que viene padeciendo y que a punto estuvo de obligarle a quitarse del cartel. El mero hecho de anunciarse ya era todo un reto pero superar una crisis en el ruedo -tuvo que pasar a la enfermería y cambiarse el orden de lidia- cuajando una actuación con los brillos y calidades de la de ayer, convierten ese desafío personal y esa cita con Jerez en una gesta.

Lo suyo fue de arte porque en el primero de la suelta verlo rejonear era como saborear una copa de vino hecho y en el segundo le echó casta a más no poder. Sobriedad y pureza en su primero, tanto en la forma como en el fondo, con la constante voluntad de poner al toro en el centro del ruedo, alegrando al noble animal y poniendo el gas que le faltaba templando con la cola y a dos pistas. El pinchazo final dejó sin premio una actuación de ortodoxia y pulcritud en una lidia muy bien ordenada y planteada. De libro.

Bohórquez fue recibido con palmas por bulerías cuando salió de los predios del doctor Mendoza para lidiar a su segundo, en sexto lugar. A su balance hemos de añadir las ganas de triunfar a toda costa. Desde la feria del 2002 no desorejaba Fermín un toro en Jerez y lo consiguió redondeando una gran labor, creciente hasta el clímax de los pares a dos manos y las cortas, con un toro mansote y rajado.

Hermoso puso la audacia de su increíble lidia de costado, muleteando con el caballo y recortando en terrenos inverosímiles en sus dos toros. Su primero, tal vez el mejor toro, fue el del triunfo rotundo y no pudo redondear con su segundo, más apagado y con menos eco, porque falló al matar.

Ventura vino a por todas y lo consiguió, con espectacularidad. Pese a algunos altibajos, le cortó la oreja a su descastadito primero que intentó rejonear a porta gayola y fue quien embistió al desrazado aunque noble quinto, con la adrenalina a tope buscando la merecida puerta grande.

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