Terapia de grupo (edición de bolsillo)

En una época en la que triunfan las series televisivas protagonizadas por mujeres liberadas (Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas) y en la que se siguen adaptando con éxito, en sus correspondientes versiones académicas, las viejas novelas de Jane Austen, no es de extrañar que exista una película que intente aunar ambos contextos en un producto amable y didáctico para públicos amplios que, además, quieran darse cierto pedigrí cultural.

Es así como hay que entender Conociendo a Jane Austen, basada en la novela The Jane Austen Book Club de Robin Swicord, un posmoderno y autorreflexivo women picture intergeneracional que acude a la gran escritora británica y a su obra como constante fuente de citas y referencias para explicarse a sí misma y a sus criaturas, un grupo de mujeres amigas -y un hombre lo suficientemente blando como para unirse al clan sin chirriar demasiado- que, en sus respectivas crisis sentimentales, todas ellas de manual, deciden reunirse mensualmente para hacer terapia de grupo a partir de sus lecturas de Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio, Mansfield Park, Emma y otros grandes éxitos de opus austeniano.

Tapizada con una tela liberal, multicultural, femenina y decididamente urbanita y burguesa, Conociendo a Jane Austen fuerza con suaves maneras corales la maquinaria del guión de fórmula y pone encima de la mesa y sin ningún reparo todos y cada uno de los tópicos habituales sobre la crisis matrimonial, la soledad de las cuarentonas, las relaciones paterno-filiales, las segundas oportunidades y demás quincalla del subgénero romántico-sentimental, todo ello llevado al extremo con una acusada tendencia al pasteleo y una irrefrenable búsqueda del happy end colectivo no apto para escépticos.

De semejante pasarela tan sólo nos redime el buen trabajo general de sus intérpretes femeninas, casi todas ellas asiduas en este tipo de películas (véanse los casos de Amy Brenneman o Kathy Baker y sus apariciones en Cosas que diría sólo con mirarla o Nueve vidas, de Rodrigo García), y el particular destello dorado de mi querida Maria Bello (The cooler, Una historia de violencia, Gracias por fumar), mujer por la que, sin dudarlo, sería capaz de dejar esta profesión y ponerme a fregar el suelo que pisa.

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