Siempre gana la banca

Cuenta cierta leyenda urbana que los sevillanos hermanos García-Pelayo, otrora impulsores de la vertiente godardiano-trianera del cine español con sus memorables Manuela y Vivir en Sevilla, hicieron saltar la banca de numerosos casinos del mundo con una infalible técnica matemática (legal) para contar cartas en el tapete.

Algo parecido es lo que hacen los cachorros universitarios que, comandados por el cínico profesor Kevin Spacey, dedican sus horas de estudio a pegar palos a los míticos casinos de Las Vegas, paraíso del neón y reino de los instintos más básicos del hombre.

De cómo un futuro cerebro de Harvard acaba en las redes de la tentación del dinero fácil es de lo que nos habla, con moraleja tramposa y ambigua, este torpe remedo de Casino inspirado en un caso real y convenientemente rebajado por los parámetros que garantizan la calificación para todos los públicos.

Robert Luketic (Una rubia muy legal, La madre del novio) se deja seducir por los efectos digitales (que nos muestran naipes virtuosos en primerísimos primeros planos cuando la narrativa decae) y sigue al pie de la letra un guión teledirigido cuyos giros y transiciones adivinaría hasta un niño que haya jugado alguna vez a las Siete y media.

Con la juventud (sic) escindida entre los valores del esfuerzo o el seductor canto de la sirena del dólar, 21: Blackjack nos ofrece un rutinario, maniqueo e injustificadamente largo recorrido por el alambre del Sueño Americano y todos sus tópicos de manual. Eso sí, con una red enorme bajo los pies de nuestro jóvenes jugadores (quédense con la cara de Jim Sturges, el muchacho promete ser un nuevo Tom Cruise) y con golpes en sordina, para que no duelan mucho. Menos mal que Kevin Spacey y un Lawrence Fishburne que casi no cabe en el traje le ponen a este juego de niños un poco de empaque, seriedad y mala leche.

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