Sesenta años de conflicto

  • Thomas G. Fraser clarifica el largo conflicto árabe-israelí a la luz de la política de bloques del siglo XX · Una historia sin final contada desde sus protagonistas

Al cumplirse 60 años de la fundación del Estado de Israel, los mismos que los palestinos cuentan desde la Nakba o catástrofe que supuso la humillación y expatriación de su pueblo, se impone una parada y reflexión sobre uno de los mayores pecados de omisión de las grandes potencias del siglo XX. El libro de T. G. Fraser, aparecido en 1995 y hasta ahora inédito en España, es una excelente guía para orientarse en el conflicto árabe-israelí, un tema que nos ha acompañado en las sobremesas televisivas desde que tenemos memoria y sobre el que domina una sensación de desgana e impotencia. La edición de alianza libro de bolsillo que presentamos se basa en la última versión actualizada por el autor y alcanza hasta el enfrentamiento civil entre Hamás y Al-Fatah del pasado mes de junio de 2007.

El conflicto más prolongado de nuestra historia reciente se originó, como es sabido, con la proclamación del Estado de Israel en 1948 y el reconocimiento de las dos grandes potencias en los primeros meses de 1949. La tenacidad de Ben Gurión y los apoyos sionistas del gabinete Truman resultaron determinantes en un contexto de retirada del protagonismo inglés en Oriente Próximo y de división entre los opositores a la partición Palestina que eran muchos, incluso entre los norteamericanos. De la narración de Fraser se desprende una idea básica: la diplomacia internacional fue a la zaga de la acción política de la Agencia Judía y de la violencia de la Haganah que no tuvo respuesta adecuada entre los dirigentes árabes.

Fue un nacimiento bañado en sangre (la primera guerra árabe-israelí) preludio de la historia posterior que todos conocemos: el asalto a Gaza (1955), la crisis de Suez de 1956, la Guerra de los Seis Días, el Septiembre Negro jordano, la Guerra del Yom Kippur, el conflicto del Líbano, las masacres de Sabra y Shatila que provocaron la primera Intifada, la Segunda Intifada también llamada de al-Aksa... Después de cada tormenta, lentos acercamientos, acuerdos muchas veces incumplidos, nuevas agendas para reanudar un proceso de paz que desmentían las imágenes de la calle.

¿Un problema irresoluble?. Fraser deja la tentación de los profetas de la desesperanza por un análisis racional y pragmático de la situación heredada. No entra en la discusión de las raíces del asunto (eso hubiera sido otro libro) sino que aborda el análisis y la valoración de la gestión internacional del problema. Varias conclusiones extraemos de su indagación.

Primera. La cuestión palestina describió una deriva errática porque, pese a su espectacularidad, fue un terreno secundario (e incómodo) en el tablero de juego de la Guerra Fría y, después, de la tensión entre civilizaciones. A menudo funcionó como moneda de cambio para estrategias de mayor alcance y cayó en el olvido cuando los EEUU tenían otras prioridades (Vietnam, Afganistán). Pero hay más: en los años sesenta los países árabes emergentes (Egipto, Siria) utilizaron la causa palestina para sus fines nacionalistas, dando la espalda a las verdaderas necesidades de sus correligionarios.

Segunda. Los pequeños pasos hacia la distensión (Kissinger en los años setenta, los acuerdos de Oslo de 1993), pese a sus limitaciones, no fueron suficientemente valorados por un Likud aferrado en su ortodoxia, ni por un Arafat que no siempre hacía oír su voz más allá de las presiones de sus correligionarios.

Tercera. Los cientos de miles de refugiados palestinos han sido los grandes olvidados de esta historia de negociaciones frustradas. La Intifada de 1987 puso de manifiesto la existencia de una nueva generación nacida en los campos de refugiados que no se identificaba con los líderes tradicionales, algo que cogió desprevenidos a las autoridades israelíes e incluso a la OLP. El reconocimiento de ambos Estados que se vendió como la gran aportación de la Hoja de Ruta de Bush parece agotado mientras no se atienda al enorme problema de los desplazados que entronca, al cabo, con los mayores errores del pasado: las desposesiones de tierras y el abandono de los hogares que siguieron a los acontecimientos de 1949 y 1967.

Escrito con un estilo ágil y cercano al documental periodístico, Fraser nos aporta éstas y otras muchas claves para comprender una parte esencial de la historia del siglo XX.

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